Justicia Negada

 

La Globalización del Crimen

Uno de los múltiples estragos de la globalidad es el surgimiento del crimen transnacional organizado que se ha expandido con gran facilidad en los países pobres de América Latina; aprovechando la liberación de sus fronteras, la fragilidad de sus instituciones, la permisividad de sus autoridades, la permeabilidad de la corrupción en todo el aparato gubernamental, la asignación de los ejércitos nacionales en tareas de seguridad pública, la discrecionalidad en la aplicación de las leyes y la subordinación de los marcos jurídicos a los intereses políticos facciosos y a las mafias.

El crimen globalizado se ha convertido en una multinacional próspera que ha ido trastocando las estructuras políticas y jurídicas de los estados nacionales, deteriorando sus sistemas de procuración y administración de justicia.

El saldo en nuestro país es alarmante: el cáncer de la corrupción ha dañado las estructuras de nuestro sistema político corporativista y la industria del crimen ha penetrado y enlodado nuestra economía que se encuentra atrapada por una economía global criminal, que se fortifica con el blanqueo del dinero obtenido por el tráfico de drogas, el tráfico de armas, el tráfico de mujeres y niños, el tráfico de órganos y el contrabando de inmigrantes ilegales principalmente. Esta economía se ha convertido en un componente significativo de los flujos financieros globales y los mercados de valores. El volumen de estos capitales es considerable, es sumamente volátil, turbulento y una fuente importante de desestabilizacion de las economías nacionales.

La empresa del crimen repercute gravemente en las instituciones públicas y en las políticas del Estado. La soberanía nacional ha ido debilitándose por los procesos de globalización, sufriendo la amenaza de las redes multiformes del crimen que actúan acorde a las condiciones políticas, económicas, legales y culturales de cada país.

La capacidad de adaptación del crimen organizado le permite construir refugios seguros en cada región y tener territorios controlados. La alta movilidad y extrema flexibilidad de sus redes le facilitan eludir las leyes nacionales y librarse de las manos de la justicia. Su expansión depende fundamentalmente de la complicidad, corrupción o intimidación de políticos y funcionarios. Este apoyo es devastador, se debilita la soberanía y legitimidad del estado y por ende, su capacidad de imponer la ley y el orden.

Este cerco globalizador del crimen ha obligado a los gobiernos nacionales, como es el caso de nuestro país, a reaccionar con desesperación contra su poder creciente, recurriendo a reformas legales antidemocráticas que se orientan a vulnerar los derechos civiles y políticos de la ciudadanía, o a crear corporaciones policiacas preventivas que persiguen delitos violentando las leyes, como está sucediendo con la Policía Federal Preventiva (PFP), que suplanta funciones, pone en entredicho los valores, nuestras normas constitucionales e instituciones creadas para preservar el estado de derecho.

El gran problema de esta forma de restaurar el estado de derecho es que se elude el factor endogeno que carcome las estructuras del poder político. No solo existe la capacidad del crimen transnacional de sobornar a las policías, jueces y funcionarios, sino que se padece una enfermedad mas peligrosa y devastadora: "La corrupción de la política democrática". La voracidad de la clase política y su tendencia compulsiva por la acumulación de capital la vuelve presa fácil de grupos y mafias que logran entrelazar la política, la empresa y el crimen para articular una red de relaciones, donde la empresa cuenta con la protección del poder político y de manera recíproca, los políticos pueden amasar con facilidad fortunas considerables mediante sus contactos empresariales, obviamente que las empresas para que sean redituables se desarrollan en un entorno contaminado y penetrado por el crimen.

El crimen organizado es el poder emergente y omnipresente que sabe aprovechar las coyunturas políticas para ofrecer sus apoyos económicos a la clase gobernante y en el momento mas indicado, trocar sus generosos donativos por protección y cuotas de poder político. Estos enredos van gestando la política del escándalo y de la extorsión que es una veta inconmensurable y sumamente redituable para algunos medios de comunicación que con magistral facilidad crean prototipos del político, del empresario y del narcotraficante, difundiendo la subcultura del crimen organizado que proyecta una competencia salvaje, regida por la ley del mas fuerte. El crimen y el escándalo en los medios, en tiempos de crisis de legitimidad política, son las noticias mas atractivas y fascinantes para las jóvenes generaciones que construyen la cultura de la urgencia y que los hace soñar que pueden salir de pobres el día menos pensado, tomando como modelos de vida las aventuras de los capós y mafiosos, que se transforman en los mejores protagonistas de las películas de acción, donde el crimen es el principal argumento.

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La justicia como empresa

En los sótanos del poder federal y estatal se ha instalado el mercado de la justicia que funciona con las leyes voraces de la oferta y la demanda, que se orientan a dar protección al mas fuerte y hacer valer su derecho con el embrujo del dinero que corrompe y el uso de la violencia que acallan reclamos legítimos de justicia. Con este predominio mercantilista de la justicia, de las practicas extorsionadoras, las actitudes gansteriles y el negocio de la protección policiaca, se va engendrando una cleptocracia que transforma el delito en una empresa privada, que crece bajo la sombra de las instituciones creadas para perseguir los delitos.

El resultado ha sido catastrófico, se institucionaliza la corrupción y el delito aparece como un elemento orgánico del sistema corporativista que busca perpetuarse en el poder a través de la aplicación de la ley de la selva, dejando de lado las demandas de justicia de los mas débiles.

La vorágine de la violencia en la que se encuentra sumido y encharcado nuestro Estado, amenaza con desbordar los límites de la vida civilizada y de poner las leyes al servicio de los grupos o clanes enquistados en el poder político regional que han hecho de la corrupción y de la impunidad un modo de vida cómodo para lucrar con el delito.

A medida que avanza la lucha ciudadana que busca desterrar los vicios de la corrupción y enderezar los caminos de la ley, existe una reacción sospechosa por parte de las autoridades estatales que actúan a la defensiva y se niegan a entablar un dialogo abierto y respetuoso con la sociedad guerrerense. La autoridad se ha hecho invisible y evita encontrarse con los ciudadanos, solo aparece en los medios para decir su verdad y apostarle a que este ritual mediatico se encargue de persuadir a la población de que sus actuaciones son justas y apegadas a derecho. Hay una tendencia sistemática a no darle credibilidad o por lo menos el beneficio de la duda, a las palabras y reclamos de las víctimas que han sido mancilladas en su dignidad humana, ofreciendo por el contrario, todas las facilidades a la gente influyente, a los funcionarios, a las corporaciones policíacas y al Ejército Mexicano, para que no lleguen a las puertas de la justicia. Hay una cargada del aparato de justicia para borrar pruebas, desvirtuar testimonios, alargar tiempos, integrar mal las averiguaciones con el fin de impedir desde cualquier ángulo jurídico, que se llame a cuentas a los aliados del régimen.

Aflora la incapacidad, la falta de voluntad política y de una visión estratégica de las autoridades para contener y desarticular las redes del crimen organizado que ha permeado a las instituciones públicas; para romper con el círculo vicioso de la ilegalidad y para atacar frontalmente a las fuerzas criminales que han podido tejer su propia red de complicidades y compadrazgos políticos en las diferentes regiones del estado y en los municipios, actuando con la lógica de las mafias. La violencia aparece como el recurso mas socorrido para dirimir los conflictos de quienes se sienten intocables y protegidos para delinquir. La violencia se ha transformado en el arma fundamental de la competencia política y económica.

Ante el reacomodo de las viejas fuerzas políticas que retoman el vuelo para ubicarse en los ejes centrales del sistema corporativista con el fin de perpetuarse en el poder, se abre una grieta en el sendero que avanza hacia la democracia participativa, que da pie a la expansión de grupos anquilosados que quieren imponer sus intereses a una sociedad civil briosa, creativa y deseosa de desmantelar a los clanes que han hecho del poder publico un asunto privado y extralegal.

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Una justicia selectiva

En Guerrero la violencia sigue exacerbándose. Entre la ciudadanía continúan acumulándose los agravios de la impunidad y se abona el terreno para estimular el crecimiento de la hierba de la venganza y los deseos funestos de hacerse justicia por propia mano.

Hay una sensación de que las autoridades han dejado el asunto de la justicia al libre juego de las fuerzas políticas y económicas, a imagen y semejanza de las leyes inequitativas del mercado. De esta manera, la justicia se pone al servicio de quienes tienen capacidad adquisitiva y brinda trato preferencial a los que se enrolan en el engranaje de la corrupción, a los que se hacen cómplices del crimen y de la impunidad, a los que se asumen como clientes de un sistema corporativo-caciquil, que a través de su lealtad y complicidad aspiran a recibir protección y alguna compensación para reproducir el circulo vicioso de la ilegalidad.

La justicia se ensaña contra quienes desenmascaran el sistema corrupto; contra los que luchan por un cambio político dentro de los marcos legales y extralegales; contra los que, con gran sentido de responsabilidad, asumen los riesgos de su vida para denunciar la impunidad y los abusos de la autoridad; contra los que defienden la vida de los excluidos; contra los que luchan por la defensa de los recursos naturales considerados como patrimonio de la colectividad y que se oponen a la extracción de la riqueza para beneficiar a particulares; contra los que militan en los partidos de oposición y luchan por que se respete la voluntad ciudadana plasmada en las urnas; contra los hombres y mujeres que por sus ideas y convicciones políticas son perseguidos y privados de su libertad, para ser víctimas de castigos crueles que buscan denigrar su dignidad de luchadores sociales; contra los pueblos y organizaciones indígenas que reclaman justicia, respeto a su vida y a sus leyes, a su autonomía y a tener una representatividad real y equitativa en el poder legislativo; contra académicos y periodistas independientes que investigan y desenmascaran la impunidad y el crimen organizado; contra los hombres y mujeres indígenas que se han transformado en las víctimas predilectas del sector salud, por su estado de indefensión, para mancillar sus cuerpos esterilizándolos de manera forzosa; contra las viudas y huérfanos que han sufrido a flor de piel la destrucción de la vida de sus padres a manos de policías y militares; contra los defensores de derechos humanos que por nuestro compromiso en favor de las víctimas de violaciones a sus derechos sufrimos amenazas de muerte y padecemos campanas de desprestigio que se orientan a criminalizar nuestro trabajo; contra las mujeres y niños de la calle que nunca tendrán acceso a la justicia, ni podrán alcanzar una vida digna.

Guerrero ha sido el escenario privilegiado para implementar acciones contrainsurgentes y operativos policíaco-militares con el fin de enfrentar a los grupos armados y exhibir a presuntos dirigentes del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) , como terroristas y como los verdaderos causantes de la violencia en el estado. Esta estrategia de guerra irregular deja entrever el rostro verdadero del autoritarismo que busca restaurar la ley del terror, con la fuerza destructiva y contenedora del Ejército Mexicano, la Policía Federal Preventiva y el incremento de los cuerpos de elite del Ejercito, conocidos como grupos aerodinámicos de fuerzas especiales (GAFES),que son comandos aerotransportados y adiestrados en contrainsurgencia y labores de inteligencia. Su poder destructor lo dejaron plasmado en la escuela primaria "Caritino Maldonado" de El Charco, municipio de Ayutla.

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Los rastros de la (in)justicia

En nuestro estado existen regiones donde se gestan situaciones graves de violencia que nos muestran un escenario de ingobernabilidad, por el alto grado de permisividad e impunidad de la que gozan los actores principales de estos conflictos.

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Región de Ayutla

El municipio indígena de Ayutla, con el antecedente de la masacre de El Charco, vive un ambiente de confrontación permanente donde el Ejército Mexicano juega un papel fundamental en la correlación de las fuerzas políticas. Es un nuevo actor social que con sus actuaciones ilegales y el uso de la violencia busca revertir la fuerza política de la oposición. En esta área, donde la participación política de los pueblos indígenas es muy significativa, el ejercito mexicano implementa una estrategia de ocupación de sus territorios, para enfrentarlos a una guerra sicológica sin precedentes y a un desgaste social y económico que busca el quiebre de la vida comunitaria y por ende a dar carta de naturalización al etnocidio. La maquinaria de la guerra de baja intensidad se desplaza en diferentes frentes para alterar la vida comunitaria de los indígenas Mixtecos y Tlapanecos y desarticular las diversas instancias de organización social y política.

No son gratuitas las campañas de esterilizaciones forzadas que intensificó la secretaria de salud del Estado entre la población mixteca con métodos denigrantes, que manifiestan el trato discriminatorio y perverso contra los mas indefensos. A pesar de la recomendación de la Comisión Estatal de Derechos Humanos a las autoridades estatales de salud, se ha hecho caso omiso, gracias a la soberbia del secretario de salud a nivel federal, que abusando de la ausencia de un marco jurídico que de rango de obligatoriedad al cumplimiento de las recomendaciones, se niega a reconocer estos abusos y por lo mismo, se ignora el reclamo de las víctimas de resarcir el daño que les infringieron y de dar cumplimiento a las promesas de brindarles apoyos económicos y en especie.

El municipio indígena de Ayutla es objeto de una vigilancia excesiva, se le mira con lupa, con la clara intención de identificar a los representantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD), a las organizaciones sociales y a sus líderes para desactivar su lucha, desmembrar e infiltrar sus estructuras y sus bases sociales, y lógicamente para desacreditar y criminalizar su trabajo político, sembrando en todo momento discordia, desinformación, división, odio y terror.

En este municipio se han consumado casos graves de violaciones de derechos humanos, además de la masacre de El Charco, donde miembros del Ejército Mexicano, abusando de su fuerza y pasando por encima de la ley, asumieron funciones que están fuera del ámbito de su competencia, como sucedió en la comunidad de Tecruz el día 4 de diciembre de 1998, donde convocaron a una asamblea para destituir al comisario e imponer a uno nuevo con el fin de congraciarse con el grupo político que había perdido el control de la comunidad, agudizando mas la división entre sus habitantes. El 22 de Octubre de 1999 miembros del Ejército mMxicano allanaron la comisaría municipal de Plan de Gatica para buscar a presuntos miembros de grupos armados y filmar toda la documentación y material videográfico, como el método mas socorrido para fabricar delitos a ciudadanos que se han organizado para defender sus derechos y fomentar el desarrollo comunitario.

El 7de Marzo del presente año, el ejército llegó a la comunidad de Barranca de Guadalupe para detener e interrogar al joven Victoriano Eugenio Manuel, que por delaciones hechas por miembros de la misma comunidad, que han conformado una colonia conocida como La Unificada, por la división política que enfrentan, se le señala irresponsablemente como miembro de los grupos armados. Este tipo de informaciones que proliferan en varias regiones del estado, son usadas por el ejército como fuentes veraces para perseguir, detener e interrogar de manera ilegal a ciudadanos catalogados como sospechosos.

Además de la detención ilegal el ejército procedió a destruir las mangueras que riegan los huertos familiares de la población que es simpatizante del PRD. Se busca destruir la rústica infraestructura que permite a los pobladores su sobrevivencia. Es la forma mas perversa de provocar y querer tronar a las comunidades. Con estas operaciones quirúrgicas se pone en practica la estrategia contrainsurgente de "quitarle el agua al pez".

Esta situación de hostigamiento y de delaciones que son promovidas por los mismos miembros del ejercito, con la cooptación de campesinos para involucrarlos en labores de inteligencia, ha provocado una mayor polarización política entre las comunidades y ha desatado una guerra de desinformación, que pone en peligro la vida de líderes, de comunidades y de organizaciones sociales que son señalados como presuntos miembros de los grupos armados.

Actualmente circula en Ayutla una lista negra donde aparecen nombres de 23 ciudadanos que son señalados como líderes del Ejército Popular Revolucionario (EPR), siendo todos ellos miembros destacados de la Organización de Pueblos Indígenas por el Desarrollo Autónomo (OPIDA), que es ampliamente conocida en la región. En este municipio persiste la amenaza de la instauración de un poder militar paralelo a un poder civil y de ejercer un control de la población por la vía de las armas, con el apoyo incondicional de las autoridades estatales y federales, que escudándose en la campaña de la guerra contra las drogas, legitiman una guerra silenciosa contra las comunidades Mixtecas y Tlapanecas catalogadas como focos subversivos.

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Rregión Costa Grande y Tierra Caliente

En el macizo serrano de los municipios de Coyuca de Catalán, Petatlán y Atoyac se libra una lucha por el control de la madera, por parte de organizaciones campesinas que se oponen a la explotación irracional de sus bosques y que se han enfrentado a la multinacional Boise Cascade y ahora con los caciques regionales, quienes han logrado establecer buenas relaciones con miembros del Ejército Mexicano, transformándose en los guardianes de los grupos políticos regionales, que han hecho de la madera el medio mas fácil para multiplicar su riqueza y consolidar su poder político. Este enclave serrano se ha transformado también en un lugar estratégico para la siembra y producción de enervantes que ha ido creciendo de manera desmedida, al grado que el ejercito se ha instalado en la región y ha invertido mucho en armamento para combatir estos ilícitos. El escenario se ha complicado porque el ejército se ha involucrado en acciones ilegales para respaldar a los grupos caciquiles que enfrentan con violencia a los campesinos organizados.

Se han escenificado enfrentamientos del ejército con grupos de campesinos que defienden el bosque, como es el caso de El Nogal, en la sierra de Petatlán, donde fueron asesinados 3 campesinos el 18 de Febrero del presente año. El ejército subió a la comunidad de El Nogal acompañando al ex presidente municipal Rogaciano Alvarez, quien llego con un grupo de civiles armados que agredieron a los campesinos que se organizaron para oponerse a la explotación de los bosques. Dispararon contra la gente privando de la vida a Salvador Cortés, Antonio García Avila y a Hermenegildo conocido como el ''Meche''. El ejército ante esta acción violenta procedió a detener a 8 personas acusándolos de narcotraficantes. La lucha por el bosque se mezcla peligrosamente con el problema del narcotráfico, que al sentar sus reales en la región esta en capacidad de enfrentar y aniquilar a la población que se organiza para defender los recursos naturales y cuenta con los recursos económicos y políticos suficientes para ganarse al ejército y poder venderles la idea de que esta población organizada esta vinculada con grupos armados.

Un caso muy reciente es el homicidio del campesino Víctor Arreola Barrientos, presidente del comisariado ejidal de El Cucuyachi, municipio de Atoyac quien fue emboscado el pasado 12 de mayo, antes de llegar a su parcela, recibiendo 45 impactos de arma y el tiro de gracia, por parte de nueve personas desconocidas. Por informaciones periodísticas se comenta que era de los "que estaba(n) en contra de la explotación de madera en la sierra de Atoyac" (El Sur,13-14-V-2000, p.7). Después de la agresión el ministerio publico, la policía judicial, miembros de una base de operaciones mixtas se hicieron presentes para hacer su trabajo de rutina: recabar la información y enviarla a sus superiores. El Ejército se limito a instalar un retén provisional. Se trata de otro hecho violento que para mal de todos, solo pasará a formar parte de las estadísticas del crimen organizado y de la memoria de la iniquidad, sin que las autoridades lleguen a dar con los autores materiales e intelectuales, ni que la ley llegue a aplicarse, ni se brinden garantías de seguridad y justicia a los serranos.

El caso paradigmático es el de la organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán, que por el mismo motivo de defender el bosque, fueron detenidos y torturados Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera por miembros del Ejército Mexicano acusándolos de narcotraficantes y guerrilleros.

Con el fin de encubrir las violaciones a los Derechos Humanos cometidas por el ejército y proteger los intereses forestales de los caciques, el aparato gubernamental pone todo su empeño para criminalizar la lucha legitima y legal de los campesinos ecologistas negándoles el derecho constitucional de acceder a la justicia de manera expedita.

En este contexto donde los campesinos se han organizado y movilizado para defender sus recursos naturales, la respuesta oficial ha sido desproporcionada; se aumenta el numero de efectivos en la región y lo paradójico es que a pesar de su presencia ostentosa, al narcotráfico "le hacen lo que el viento a Juárez"; continua el trafico de armas, aumenta la violencia y el clima se enrarece con la aparición de grupos paramilitares que empiezan a entrar en acción defendiendo los intereses de los caciques. Desde aquí se arma el engranaje de la economía criminal que empieza a tomar el control de enclaves geográficos estratégicos para la diversificación de sus actividades ilícitas. Una realidad compleja que se cruza con una estrategia de guerra contrainsurgente de contención social, a través de la represión selectiva de sus dirigentes, de su encarcelamiento, del hostigamiento a los campesinos organizados y del cerco de sus comunidades para apagar la hoguera de la inconformidad social y de la reivindicación de sus derechos colectivos.

Este caso que ha cobrado relevancia internacional por el premio Goldman al que se han hechos acreedores sus dirigentes y por la investigación profesional que ha realizado Amnistía Internacional, para reconocerlos y declararlos como presos de conciencia, ha logrado desenmascarar que en México, la defensa de los recursos naturales para beneficio de la colectividad, toca fibras muy agudas de grupos políticos importantes y esconde intereses económicos muy fuertes y turbios, al grado que este conflicto se ha convertido en un asunto de Estado.

Se busca destruir el poder local y la organización ciudadana independiente, es decir, hay de por medio una decisión política de impedir el crecimiento de una democracia de base, donde se gesta un modelo societal que quiere tener el control del espacio propio, la reafirmación del lugar como fuente de significado e identidad, la autogestión comunitaria, la producción a pequeña escala, la búsqueda de la autosuficiencia, en fin la reconstrucción de la economía humana que tiene que dar una pelea desigual a la economía criminal.

En esta confrontación de proyectos de sociedad, a las autoridades muy poco les interesa las violaciones a los Derechos Humanos de las que han sido víctimas los campesinos ecologistas, sino la buena reputación de sus violadores, los miembros del Ejército Mexicano, que sin recato alguno dicen representar a un Ejército de paz, y que a capa y espada se tiene que difundir y defender esta consigna política, no importa que la realidad demuestre lo contrario, ni que se ponga en tela de juicio el estado de derecho.

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Región Montaña

En este territorio devastado opera una espiral descendente de desigualdad, polarización, pobreza, miseria y exclusión social que ha tocado fondo. A los pueblos indígenas se les impide sistemáticamente el acceso a posiciones políticas y recursos económicos que les permitan una subsistencia autónoma. Esta exclusión social se caracteriza por la cancelación de las posibilidades de que la población económicamente activa cuente con un trabajo estable. La Montaña forma parte de las 36 zonas prioritarias del país que configuran la geografía de los excluidos. La incapacidad de las autoridades para contener y revertir este torbellino de la iniquidad, aunada a la ausencia o insuficiencia de políticas reparadoras de integración social, orillan a que la población se incorpore a un proceso laboral que forma parte de la economía criminal global. Esta economía desarrolla actividades generadoras de ingresos que son declaradas delitos por las leyes y por lo mismo, perseguidas por un sistema político que tiene mucha responsabilidad en la consumación de estos ilícitos. En este entramado existe una creciente interdependencia con la economía formal y las instituciones políticas. Los excluidos son los elegidos para ser las víctimas de este sistema perverso. Pasan a constituir el submundo de la delincuencia que los ubica fuera de la legalidad y los hace víctimas permanentes de las leyes que no conocen del hambre y del desempleo.

La Montaña de Guerrero históricamente ha sido una zona en cierta forma autónoma que ha estado aislada del resto del Estado. Desde la Colonia ha mantenido el rol de ser una economía marginal y servir solamente como corredor clandestino de transacciones económicas no muy claras que parten de los puntos de Acapulco, la ciudad de Puebla y Tlaxiaco, Oaxaca. Esta región actualmente se ha transformado en un lugar propicio para la siembra de enervantes, aprovechando las grandes mafias, su aislamiento y su inaccesibilidad convirtiéndola en un corredor de producción de amapola dentro de la constelación de enclaves estatales y nacionales que dan vida a la economía criminal.

El confinamiento territorial de la población indígena desconectada de regiones dinámicas económicamente es una de las consecuencias irreversibles del modelo económico neo-liberal, de la geografía desigual del sistema capitalista. En estos agujeros negros se condensa el paisaje destructor y los daños infligidos a una parte de la humanidad que en su lucha por escapar a esta fatalidad, solo logra reproducir mas la exclusión social y hacer caer sobre sus espaldas nuevas adversidades que desencadenan una situación de explosividad social.

La violencia comunitaria, el desempleo generalizado, el quiebre de la agricultura de subsistencia, la siembra de enervantes, la inseguridad pública, la militarización, la confrontación política la proliferación de la delincuencia, la corrupción de las autoridades, la institucionalización de la extorsión parar procurar justicia, el involucramiento de autoridades municipales en acciones ilícitas o en el crimen organizado, son muestras palpables y contundentes de que la montaña ha caído en la garras de las mafias imponiendo la ley de la selva.

Este caos de la miseria solo aumenta las probabilidades de que mayor número de ciudadanos corramos de manera cotidiana el riesgo de perder de manera irreversible la vida y a que las autoridades en lugar de legitimarse con los ciudadanos empobrecidos para atajar esta avalancha de la violencia, se refugian en sus oficinas para limitarse a ejecutar obras que hagan creer que avanzan hacia el bienestar de la familia. Lo mas burdo es que muchas autoridades ni siquiera llegan a cumplir con estas funciones elementales, por el contrario, se convierten en depredadores de su propio pueblo, en autoridades ''vampiro'', que se apropian de los recursos públicos para su beneficio personal, promueven el trafico de influencias y usan el poder para escalar posiciones de privilegio y subordinar la ley a sus caprichos.

Tlapa ha quedado en manos del hampa. Algunos presidentes municipales se han hecho cómplices o han establecido alianzas con las bandas delictivas, que a cambio de brindar protección piden libertad para delinquir y para desarrollar actividades económicas ilícitas. Las consecuencias han sido funestas: la industria del secuestro ha florecido, el tráfico de armas y enervantes ha aumentado, las bandas de delincuentes se han multiplicado, los asaltos a mano armada son prácticas comunes de las que somos víctimas centenares de ciudadanos, siendo las mujeres las que de manera humillante son ultrajadas y violadas. La privación de la vida por parte de pistoleros pagados, es el método mas eficaz, económico y certero, para dirimir los conflictos políticos, cobrar venganzas, saldar cuentas pendientes o quitar del camino a quien obstaculiza para desarrollar actividades ilícitas.

Este escenario del crimen organizado ha logrado imponerse en la región de la montaña y ha cercenado a las instituciones publicas, se ha logrado filtrar en algunos ayuntamientos municipales y ha podido comprar a funcionarios que no tienen vocación de servicio, pero una sed insaciable de lucrar con el delito. Ha sido capaz de construir redes y grupos para delinquir, ha tenido la sagacidad para incursionar en la política y saber invertir en negocios fáciles vinculándose orgánicamente con el hampa.

La ola de la delincuencia que ha cobrado centenares de vidas en la región, ha generado una crisis de gobernabilidad y entre la ciudadanía predomina un animo de desconfianza entre las autoridades. Hay un distanciamiento y un enfriamiento de las relaciones de la sociedad civil con sus representantes populares. Buena parte de la población se niega a ser víctima del vicio extorsionador de los agentes de ministerio público, policías judiciales y jueces. La situación legal de los agraviados o acusados de un delito se resuelve por debajo de la mesa. Se ha logrado crear una red regional dedicada al negocio del delito que logra obtener información de primera mano en los ministerios públicos y juzgados sobre hechos delictivos y acerca de las personas involucradas. La maquinaria de la extorsión funciona con la complicidad de abogados particulares y funcionarios del ministerio publico y del juzgado penal, cuidando todos las formalidades jurídicas, sabiendo de ante mano que hay resquicios legales que les permitirán realizar negociaciones extralegales de los delito que persiguen. La clave del negocio está en distribuir las responsabilidades y trabajos de cada miembro involucrado en esta red extorsionadora y de respetar las reglas no escritas para el reparto de utilidades de acuerdo a la jerarquía de las autoridades y al tipo de delito que está en juego.

Es imposible pensar que el ciudadano común, pobre y desconocedor de las leyes logre ser atendido y defendido con profesionalismo y ética por los funcionarios del órgano investigador. Recurrentemente el ciudadano común tiene que acudir a nuestro Centro de Derechos Humanos para pedir que se le acompañe a estas instancias porque tiene claro que no será atendido adecuadamente. Hay temor y desconfianza en las autoridades porque los ciudadanos saben que si no hay dinero de por medio, las denuncias y demandas no prosperan, se archivan, quedan a medio camino o simplemente no se acreditan los hechos delictivos.

La desolación en la Montaña se torna mas trágica, por la posición que han asumido las autoridades federales y estatales en la ''guerra contra las drogas'', que encubre una guerra contrainsurgente. En la lucha contra el tráfico de estupefacientes se da una coordinación estratégica de los ejércitos nacionales de América Latina que quedan bajo un mando único del Pentágono. Los ejércitos nacionales se orientan a cumplir funciones policíacas y de seguridad publica (principalmente en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizada) y de fuerzas de ocupación para contener a los movimientos sociales y grupos armados. Con esta estrategia de militarizar las regiones pobres donde habitan los excluidos, se ayuda a controlar y a evitar un estadillo social, pero sobre todo, se protegen los intereses de las multinacionales buscando consolidar las economías de libre mercado que se entrecruzan con la economía global criminal.

La presencia de la Policía Federal Preventiva(PFP) en Guerrero está asumiendo funciones que se encuentran fuera del ámbito de su competencia, porque una policía preventiva no debe perseguir delitos, esto solo es competencia del ministerio publico con el auxilio de la policía judicial. La detención de presuntos dirigentes de grupos armados así como sus actividades de espionaje y de investigación contra insurgente, son actividades que no tienen nada que ver con la prevención de los delitos. Este perfil persecutorio de la Policía Federal Preventiva implica la violación de la ley porque actúa suprimiendo el requisito constitucional de la denuncia, querella o flagrancia inaugurando una etapa inquisitorial, donde los detenidos son torturados, interrogados y presentados en los cuarteles y ante miembros del Ejército Mexicano. El poder de esta policía militarizada aumenta al tiempo que se violan las normas constitucionales y que los jueces se convierten en sus escribanos.

Conociendo sus actuaciones, deducimos que se trata de corporaciones entrenadas para realizar actividades de espionaje, tácticas antimotines y de control de la población, con gran poder de fuego. No se pueden fincar las esperanzas de un cambio en los sistemas de procuración y administración de justicia si esta corporación militarizada goza de poderes extra legales y sin ningún control en sus actuaciones, que solo complican el escenario de la impunidad.

A pesar de que el nuevo Gobierno Estatal ha elevado al nivel de Secretaría la cuestión indígena, vemos muy alejada la posibilidad de que esta instancia pueda representar los intereses profundos de los Pueblos Indios de Guerrero. Sigue prevaleciendo una visión corporativa y paternalista por parte de las autoridades estatales. La Secretaría de Desarrollo Indígena (SDI),creada para dar respuesta a los graves problemas que enfrentan los pueblos indios, de entrada nació con bastantes limitaciones. En primer término porque su creación y la elección de su Secretario es producto de una decisión de notables, sin consultar a los principales destinatarios de esta política, por otra parte el presupuesto asignado para este año fue de 7 millones 100 mil pesos, una cantidad que es menor al presupuesto asignado para los gastos personales del Gobernador, que fue de 9 millones 200 mil pesos. En la asignación de estos recursos se puede valorar que la inversión pública entre los pueblos indígenas es sumamente raquítica, si tomamos en cuenta la grave situación económica que enfrentan y sobre todo si la comparamos con el presupuesto asignado a seguridad pública que es de 300 millones 50 mil pesos, el segundo presupuesto más alto a nivel Estatal, después del rubro de Educación que es de 489 millones 200 mil pesos.

Lo más grave de todo esto es que persiste en la Secretaría Indígena un diseño asistencialista y folklórico en la aplicación de estos recursos. Junto a esta Secretaría se ha montado un Consejo Estatal Indígena, que a través de consultas amañadas se quiere imponer a representantes de los Pueblos Indios de Guerrero que garanticen lealtad política, y sobre todo subordinación a los programas que solo buscan maquillar la pobreza. Se ha dado un rejuego político en la conformación de este Consejo a causa de que se impide la participación de los pueblos y las organizaciones indígenas que expresan posiciones políticas independientes.

Es conveniente resaltar algunos números que nos indican con mayor claridad las desproporciones presupuestarias que ilusoriamente buscan atender los rezagos sociales de los pueblos indígenas. A modo de ejemplo, el Programa Nacional de Jornaleros Agrícolas, maneja un número de 30 mil trabajadores que son expulsados de sus comunidades para vender su fuerza de trabajo en los campos agrícolas de Sinaloa.

Haciendo un recuento de que cada uno de estos jornaleros se contrata regularmente por 180 días, se ha calculado que todos ellos logran capitalizar la cantidad de 315 millones, para apenas subsistir en la temporada de lluvias. Con esta información contrastamos el Presupuesto asignado a la Secretaria Indígena que fue de 7 millones 100 mil pesos, y el que ha sido aprobado para este año por parte de Jornaleros Agrícolas que es de 23 millones, y unos 5 millones más de otras Dependencias que confluyen en este programa. Sumando todo esto, constatamos un abismo muy grande entre lo que aportan los indígenas jornaleros en seis meses y lo que los Gobiernos Federal y Estatal invierten para contener la migración y arraigar con proyectos productivos y obras de beneficio comunitario a sus pobladores. Con este diseño presupuestario es imposible pensar que se esté atacando a las causas estructurales de la pobreza extrema en la Montaña. Si tomamos en cuenta los cálculos que hacen los empresarios de que por cada peso que se paga como salario se tienen que invertir 10 pesos para garantizar que este empleo sea más o menos permanente, podemos deducir, de acuerdo al parámetro de la riqueza que generan los jornaleros, que en la Montaña se necesita un fondo de 3 mil millones de pesos, como base para poder arraigar a los 30 mil jornaleros agrícolas que se ven obligado a trabajar fuera de sus lugares de origen por falta de empleos.

Por otra parte con la creación de la Secretaría de Asuntos Indígenas y la permanencia hasta el momento, de la Procuraduría Social del campesino, existe una duplicidad de funciones que al final de cuentas ninguna enfrenta los problemas de fondo de los Pueblos Indios de la Montaña. Se trata más bien de amarrar con magros recursos a esta población olvidada y a desactivar los procesos de desarrollo comunitario. Es muy lamentable que la Secretaría de Asuntos Indígenas y la misma Procuraduría, no tengan dentro de su mandato, la responsabilidad de atender desde una óptica indígena los conflictos políticos, por el contrario, se les da instrucciones a nivel estatal para que se obtengan de atenderlos y a darles un cause por la vía conciliatoria y con forme a sus sistemas normativos. Estos asuntos quedan en manos de las delegaciones políticas que son figuras anticonstitucionales para la resolución de los conflictos entre los pueblos indígenas. Obviamente que esto tiene un desenlace fatal, porque lo que se busca es garantizar la gobernabilidad a cualquier costo político, sin importar las consecuencias que estas decisiones conllevan y que se traducen en una mayor polarización política, reavivando la confrontación y la fragmentación comunitaria.

Mientras no se resuelva los conflictos agrarios por las mismas comunidades y se sigan poniendo en manos externas la resolución de los limites de sus tierras, mientras no se entre en una dinámica de reordenamiento territorial, de la recomposición de sus espacios políticos, del reconocimiento legitimo a la creación de nuevos Municipios, de sus demandas autonómicas del respeto a sus sistemas normativos, a la toma de sus decisiones, de atacar las causas de la pobreza inhibiendo la siembra de enervantes con una significativa inversión en proyectos productivos, de desactivar la escalada Militar y de implementar una nueva relación con los pueblos indios que supere la visión etnocéntrica de las autoridades, será imposible romper con las estructuras colonialistas que siguen pisoteando la dignidad de estos pueblos y denigrando sus vidas.

Se necesita respetar y tomar muy en serio a los pueblos indios, a fortalecer sus instancias comunitarias y sus procesos autogestivos, a proporcionar de manera igualitaria las oportunidades para el desarrollo, a estar dispuestas a que las organizaciones y los pueblos indios ejerzan su pleno derecho, a controlar y administrar sus tierras y recursos naturales de manera sostenible. Esto implica necesariamente una relación de iguales en la diversidad, que debe admitir nuevas estrategias en el diseño de las políticas públicas, implica un diálogo directo con ellos, obliga a ejercer consultas a las comunidades indígenas en la elaboración de proyectos estratégicos donde tengan plena participación y conocimiento de los beneficios y el impacto favorable para el desarrollo regional. Debe atribuírseles también una participación equitativa de los beneficios e ingresos generados por la utilización o explotación de sus recursos naturales, respetando siempre sus decisiones.

La consulta seria y la participación equitativa en los beneficios del desarrollo, tienen que fundarse en un nuevo marco legal-estatal, y en una ley reglamentaria que plasme a los Pueblos Indios como sujetos de derechos colectivos, capaces de diseñar políticas públicas y de implementar proyectos de Desarrollo sustentables en condiciones justas, democráticas y humanas.

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