Justicia Invisible

 

¿Cómo negar la existencia de los rostros marcados por la miseria y la injusticia?, ¿cómo acallar los sozollos arrancados por una criminalidad desbordante al amparo de la impunidad?, ¿por qué justificar con la propia omisión el absurdo de funcionarios que niegan justicia?.

¿Cómo negar la angustia filial que rasga hasta el último rincón del bolsillo en la búsqueda infructuosa del centavo que compre la salud del ser querido?, ¿porqué seguirse resistiendo al contagio de la ceguera endémica del círculo gubernamental que no ve la montaña de conflictos que deja a su paso con programas que solo compran pobreza?, ¿cómo congratularse ante la oleada de figuras deambulantes hacia los campos de la ignominia humana en su éxodo al norte, cíclico e interminable?.

¿Cómo retar a ese destino fatal que parece acompañar por siempre a los pueblos de la montaña, para no convertirse en cómplices de su ocaso?, pero, ¿cómo redimir él sueño de la dignidad humana, ante la vileza del poder y el etnocentrismo para conquistar el sueño en el que la justicia habite entre los Mestizos, Mixtecos, Nahuas y Tlapanecos?.

Como Centro de Derechos Humanos éstas y un sin fin de interrogantes galopan al interior de nuestro ser, nos arrebatan por momentos la claridad del pensamiento y nos someten fugazmente a la rendición. Sin embargo, nuestra naturaleza no nos permite sustraernos a esa realidad estrujante, nos invita a hacer de nueva cuenta la gota que pretende horadar la hermética columna del autoritarismo, a partir de nueva cuenta de nuestra utopía para reforzar la voluntad, a seguirnos enfrentando a nuestro interior y advertir que la ruta esta trazada, de convencernos que no es el momento de claudicar, ni de dejarse vencer por el torbellino arrasante de la desigualdad que hace de la Montaña de Guerrero un campo prodigioso de la injusticia.

Porque hablar de la justicia no es limitarse a los tribunales, es apelar a las conciencias humanas que resienten el flagelo de la enfermedad, del hambre, de la explotación del prójimo, de sentirse humillado por no conocer la letra, de silenciar el impetú del alma porque los demás no entienden su lenguaje florido. Hablar de justicia implica oponerse a las causas que la desmerecen, es cuestionar la benevolencia con la que se aplica la ley a unos cuanto cuando con ella se agravia a otros, es no complacerse con la violencia que lastima los lazos comunitarios y legitíma la acción de las élites.

Presa de una violencia estructural, la Montaña de Guerrero ve enfrentado su destino a los abusos del poder y al sojuzgamiento de los habitantes. Conforme el conteo de población y vivienda realizado en 1995 por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), en todo el estado de Guerrero se contabilizaron 2 916 567 habitantes, de ellos 261 459 personas, o sea un 8.9 %, correspondieron a la población de la montaña, diseminados en los 17 municipios que integran la región en un territorio de 692,000 hectáreas, con 773 localidades.

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Servicios públicos

Al igual que la mayoría de las zonas indígenas del país, la montaña permanece en el total abandono. A nivel estatal es la zona de mayor marginalidad, esto se muestra por los más bajos índices de prestación de servicios públicos. Según datos de noviembre de 1995, las viviendas particulares que carecen de agua entubada representan el 50.2 %. Solamente el 15.8% tiene servicio de drenaje, además de que sólo 9 de los 17 municipios cuenta con sistema de drenaje y alcantarillado, que por cierto se reducen a una sola red del servicio, establecida por lo general en las cabeceras municipales, excepción hecha del municipio de Alpoyeca en el que dos localidades cuentan con ese servicio.y sólo el 64.3% del total de viviendas disponen de energía eléctrica. Fuente: anuario estadístico del estado de Guerrero, 1998. INEGI.-Gobierno del estado de Gro.

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Justicia

Una ola delincuencial se ha apoderado en los últimos años de la comarca, con frecuencia se reportan asaltos en los caminos rurales, los cuales van acompañados de abuso sexual a mujeres que transitan por los caminos, los homicidios se volvieron el pan nuestro de cada día y el secuestro o la amenaza de él, emergen como las figuras delictivas propicias para evadir responsabilidades ante la justicia sin dejar de delinquir, paradójicamente impera el quebrantamiento del orden público por los mismos cuerpos policiacos y militares solapando el cultivo de enervantes y extorsionando a la población en retenes que se instalan de manera ilegal en los caminos de mayor circulación.

Este desbordamiento de la criminalidad encuentra su sustento en la falta de resultados de los organismos encargados de la procuración y administración de justicia, que no hacen más que incrementar la confianza de los delincuentes para seguir cometiendo atropellos, porque seguros están de que las investigaciones ministeriales y de la policía judicial no conducirán a nada. Al respecto, también la población se guarda una opinión del trabajo de los organismos o más bien de sus funcionarios, a ellos se les ve como el símbolo de la corrupción y la negligencia de la autoridad, a causa de que se aprovechan del desconocimiento de la ley para exigir dolosamente prebendas o alargar los procedimientos en un intento de provocar desesperación entre los agraviados y en consecuencia el abandono de los asuntos por los interesados, cuando de antemano existe un acuerdo con los responsables para integrar deficientemente las averiguaciones previas envolviéndolas con malas actuaciones o con la fabricación de responsablida penal a personas ajenas al delito.

Estas prácticas deficientes se enturbian más por el dificil acceso a la justicia. Ministerios Públicos, Abogados Particulares, Defensores de Oficio e incluso personal del Poder Judicial se coluden entre sí, integrando toda una red de encubrimientos y complicidades para hacer de la justicia institucional un gran negocio. A nivel estado, la Montaña y Acapulco por su alto grado de violencia se han ganado la fama de ser " buenas plazas para trabajar", por esa razón funcionarios de la Procuraduría de Justicia del Estado y del Poder Judicial, presentan grandes resistencias al momento de planteárseles la posibilidad de un cambio de adscripción, porque advierten la pérdida de un gran negocio.

Para la atención de una población rural con un amplio grado de dispersión geografica y altos indices de violencia, se necesita la presencia cercana de instancias competentes que agilicen la impartición de justicia, sin embargo nos encontramos que en los 3 distritos judiciales en que se divide a la montaña, se contabilizan sólo 9 agencias del Ministerio Público, 3 de las cuales funcionan en la ciudad de Tlapa, por lo que un contacto inmediato y directo con la representación social constituye de entrada un obstáculo para exigir justicia ya que en la región se asientan 773 comunidades. Por aritmética elemental se tiene que cada Agencia de Ministerio Público atiende en promedio a 85.8 comunidades o si se quiere, existe una agencia por cada 29 051 habitantes.

Mención aparte merecen los casos de violación a los derechos humanos, que de por sí han sido una práctica sistemática de los representantes de autoridad, pero que alcanzaron una explosividad enorme con la penetración de la lucha contrainsurgente desplegada por el estado a raiz de la aparición de grupos armados en distintas partes del país que repercutieron a nivel local. Estas arbitrariedades van desde el mismo abuso de autoridad, privación ilegal de la libertad personal, afectación al patrimonio, violación al domicilio, la exacción ilegal, la fabricación del delito, intimidación, tortura y homicidio entre otras. Frente a ellas no ha existido recurso legal alguno para la ciudadanía que conceda del todo el beneficio de la sanción para los responsables, sino mas bien hay una actitud de complacencia y encubrimiento por parte del ejecutivo federal y estatal, amén de la subordinación de los organismos públicos defensores de los derechos humanos a las estructuras gubernamentales cuando se investigan denuncias ciudadanas.

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El trabajo político

Entre los políticos, predomina la visión de la política como el medio generador de riqueza y poder. En ningún momento se visualiza como un espacio de fortalecimiento democrático y de libre participación ciudadana. El resquebrajamiento de la unidad comunitaria se debe principalmente a la confrontación entre partidos políticos, que buscan la hegemonía entre la población. La lucha politico-partidista al interior de la comunidad se asume con todas las fuerzas. El clientelismo y la cooptación constituyen las formas bajo las cuales los lideres políticos foráneos y locales aprisionan la voluntad de los pueblos. Para ellos el engaño y la utilización mercenaria del hambre de las personas, son el recurso óptimo para atraer a una población desmovilizada e impreparada políticamente.

La manipulación de lideres naturales desde afuera, a hecho que varias comunidades de la región vivan actualmente con 2 o hasta 3 autoridades paralelas. El poder local día a día se fragmenta al irse transformando en un espacio cerrado al cual no todos tienen acceso, en este rejuego lo importante es contrarrestar la fuerza de los adversarios, minárlos hasta el exterminio sin reparar en el grave daño que se le hace a la democracia.

Como alternativa de participación política, lideres y grupos que no coinciden del todo con el trabajo partidista que se vive en la región, han empezado a constituirse en organizaciones civiles para luchar desde esa trinchera por la recuperación de los espacios ciudadanos. Desgraciadamente, la iniciativa organizacional, no ha sido bien recibida por líderes políticos y funcionarios locales, que ven en estos grupos el trastrocamiento del poder y en consecuencia la pérdida de privilegios forjados a su merced. Abundan los casos de hostigamiento a líderes sociales y organizaciones civiles por parte de las mismas estructuras del gobierno para acotar su base social, se trata de una violencia selectiva en la que el poder hace uso de todo su engranaje para descalificar el trabajo ciudadano y erigirse como el único ente benefactor de la sociedad.

Con estas actitudes queda clara la opinión gubernamental en torno a la participación ciudadana, se califica el trabajo civil bajo el único criterio de que él no está del lado del gobierno está contra él. Para ésta visión acotada de la realidad no hay terceros actores en la arena social, todo queda reducido a una beligerancia partidista, en la que lo que importa es combatir de facto a los adversarios politicos sin detenerse siquiera por un momento a escuchar sus planteamientos para entender la necesidad de establecer un diálogo con la ciudadanía.

Esta intolerancia lo único que hace es agravar las heridas profundas de la población y el crecimiento del descontento social en la región. Según datos arrojados en un estudio realizado por el Instituto Nacional Indígenista en 1997, en promedio la población económicamente activa recibe ingresos muy por debajo del monto del salario mínimo, solamente Cualác y Huamuxtitlán fueron los únicos en los que su población se ubicó por encima de él. Este dato por si sólo nos ilustra el grado de miseria generalizada que hay en la población y de que las políticas del desarrollo implementadas por el estado no han germinado en este campo debastado por la iniquidad.

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Empleo y migración

Regionalmente las únicas actividades con certidumbre salarial lo constituyen el magisterio y el trabajo burocrático gubernamental. La mayor parte de la población se dedica al trabajo agrícola de temporal, principalmente a la siembra del maíz y fríjol, actividad de infrasubsistencia, puesto que en promedio el nivel de cosecha de maíz por hectárea se reduce a 500 kilogramos, en comparación a la media estatal que es de 2.10 toneladas en la misma porción de tierra.

El empobrecimiento del suelo tiene identificada como principal causa la destrucción de las reservas forestales que garantizan la captación de los recursos hidrológicos, para ser vendida en forma de leña y complementar así el ingreso familiar, pero principalmente por la voracidad de empresarios madereros. Esto representa una gravísima devastación ecológica, de consecuencias irreversibles si no se detiene a corto plazo. Desgraciadamente no se vislumbra una contención a este fenómeno, si no más bien, abunda la complicidad y la benevolencia de sectores del gobierno para con los empresarios madereros asentados en la región, los cuales obtienen concesiones de explotación de bosques gracias a sus buenas relaciones con funcionarios del gobierno estatal y federal y al convite de alcohol de comisariados comunales quienes autorizan a nombre de la asamblea la depredación de los recursos de su comunidad.

Ante este resentimiento acumulado de la tierra y de falta de fuentes de empleo, la migración temporal se constituye como el remedio mas socorrido para la subsistencia de la familia en tiempo de secas. Según datos poblacionales del estado de Guerrero, en 1940 se inició el boom migratorio, evolucionando de manera ascendente. En 1970 la migración alcanzaba el 14% de la población en general del Estado. En 1990 la cifra había llegado al 20% a nivel regional.

La migración que se expresa en la región es de tres tipos. la de braceros o indocumentados hacia campos agrícolas y ciudades como Nueva York; la migración jornalera, propia de los grupos indígenas, que se dirije a los campos hortifruticolas de Sinaloa, Jalisco, Baja California Sur y Morelos; y la que se da hacia centros urbanos para contratarse en la industria de la construcción o en subempleos.

Según estadísticas oficiales de 1990 (hace ya 10 años) entre 30% y 40% de jefes de familia de la región emigraban temporalmente en busca de trabajo, cifra que en la actualidad sin duda se debió haber incrementado en la actualidad ante el deficit económico. Lo cierto es que el éxodo laboral, es un fenómeno tan fuerte en la región, que 11 de los 17 municipios son considerados como de fuerte expulsión de trabajadores migrantes, las estadísticas solo revelan una parte del fenómeno, ya que no existe un verdadero control del mismo debido a que la contratación por parte de los empleadores se da en forma irregular.

Este mismo anonimato de las relaciones de trabajo, provoca un sinnúmero de violaciones a los derechos humanos de los trabajadores. Se labora en condiciones completamente al margen de las garantías legales, las cuales se asumen como males menores en comparación a los beneficios que representa la contratación de todos los miembros de la familia y la generación de más capital para el regreso a sus comunidades en "tiempo de aguas". Desgraciadamente todos los esfuerzos generados en los campos de cultivo o en la ciudad no logran disminuir en nada la situación de estrechez, más bien la población se vuelve un "animal de temporada" que año tras año acude a albergarse a los campos hortifruticolas o a las urbes de Estados Unidos para regresar a gastar lo ahorrado en la compra de productos que denoten su "prosperidad económica": grabadora, ropa y alcohol, pero solamente recrean su calidad de excluido. Una vez roto el éxtasis del sueño, habrán de regresar nuevamente a pisar los suelos de la esperanza.

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Narcotráfico

Por desgracia, una buena parte de la población de la montaña ha optado por la siembra y el cultivo de enervantes para garantizarse un ingreso económico. Datos de la Procuraduría General de la República del año de 1996, señalan a la región de la montaña como la zona más importante en todo el país en la producción de amapola. Ocupando el primer lugar de acciones de erradicación de amapola y decomisos de goma de opio y heroína.

Lejos de encarnar el prototipo del narcotraficante que ha fabricado la cultura popular a través de la música y el cine, o la apología de los jefes de los grandes carteles de la droga, el indígena que es tentado a la producción de enervantes, se vuelve víctima de un circulo usurero y tramposo, en el que lo primero es la compra de la seguridad para el desarrollo de su actividad, adquiriendo armas y pagando a policías y militares, organizándoles comilonas a su llegada a las comunidades para que se hagan de la vista gorda. Con el cultivo de droga, al interior de las comunidades se genera un rompimiento de la unidad y la tranquilidad, entre los que se dedican al cultivo de la droga con los que se oponen a esta actividad por considerarla ilegal. Al final toda la comunidad cae presa del mismo circulo vicioso que se redondea entre la compraventa de armas, la violencia, división, prisión y a la misma muerte.

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Conflictos agrarios

La relativización del poder de las comunidades indígenas ha hecho que se intente mantener vigente el control sobre el ultimo símbolo del poder: el territorio, ocasionando graves conflictos entre comunidades y pueblos de la montaña. La disputa por la tierra se ha vuelto como la gran problemática que impide la reconstitución de los pueblos indígenas de la montaña. Un estudio realizado en 1980 por la Universidad Autónoma de Guerrero detectó grandes conflictos agrarios por límite de terrenos en 8 municipios de la región, sin embargo de ese tiempo a la fecha se ha dado un incremento notable en las disputas agrarias ante la finalización del reparto agrario.

Desgraciadamente la conflictividad agraria entrampa a las comunidades en el proceso mismo de su desarrollo, de manera tal que se cierran las puertas a alternativas de solución. las instancias gubernamentales encargados de la resolución de estos conflictos, tratan los asuntos sin advertir la naturaleza de la tierra en la cosmovisión indígena, donde la tierra es el punto nodal de la estructura comunitaria.

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Educación

Sobre los habitantes indígenas de la montaña pesa fuertemente el estigma impuesto que los señala como gente inculta y sin razón, que más bien es un desprecio a su pobreza. Esta visión racista hace su caldo de cultivo en la poca eficacia de las políticas educativas gubernamentales, las cuales basándose en criterios erróneos y contradictorios a la realidad regional permanecen en el intento de incorporar "culturalmente" a los pueblos indios al resto de la sociedad. Es por ello que la educación que imparte el estado aunque se dice indígena, parte de la reproducción de conocimientos occidentales que se trasmiten mecánicamente de profesores a alumnos sin reparar en la realidad local y en las particularidades culturales. La inversión educativa se reduce a la edificación de aulas, no se procura la especialización de la enseñanza a través del análisis especifico de los sectores sociales a las que se dirige, no se cuenta con un programa real de incentivos para la capacitación de profesores, ni mucho menos se aportan apoyos a la población infantil y adolescente que acude a la escuela, para ser menos aquejantes las secuelas del hambre y la desnutrición.

La población indígena de la montaña que es analfabeta representa el 64 % del total, nivel muy alto comparado con el promedio estatal que es de 24 %. Existe un alto déficit de profesores y de escuelas en la región. Según datos de 1997 el nivel preescolar solo representa el 15.21% de centros educativos de este nivel en el estado. La proporción de las escuelas primarias es de un 12.07% y las escuelas secundarias sólo constituyen el 7.7% del total estatal, . Fuente: Anuario estadístico del estado de Guerrero, 1998.

Ante esta verdad lastimante nada resuelven los programas asistenciales como el Progresa, puesto que para nada se incrementa el rendimiento escolar, ni mucho menos mejoran las condiciones de salud de los indígenas.

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Salud y desnutrición.

A pesar de que recientemente se han establecido nuevos centros hospitalarios en Alcozauca y Acatepec, en términos prácticos en la región solo opera un hospital de segundo nivel, ubicado en Tlapa, que por cierto ha visto reducida su infraestructura al canalizarse aparatos e instrumentales a los nuevos centros médicos, a él llega la población de casi toda la Montaña. Para el traslado de sus enfermos, la familia tiene que optar en pedir los servicios de un carro particular o usar las ambulancias municipales, que para el caso es lo mismo ya que hay que pagar el viático del chofer, combustible y por si esto fuera poco las refacciones de las ambulancias que para no variar siempre se encuentran en mal estado, esto sin contar que si el enfermo requiere atención más especializada habrá que llevar al paciente a centros hospitalarios de Acapulco, Puebla o la ciudad de México, cuyos costos de movilización oscilan entre $2,500.00 a $3,000.00.

Al respecto no se puede hablar de un verdadero acceso del derecho a la salud, puesto que contrario a lo que tendría que suceder en zonas marginadas como esta, se cobra una cuota de recuperación por los servicios otorgados. Aunque estas tarifas no representan una carga fuerte para el bolsillo asalariado de empleados gubernamentales y comerciantes, si lo es para la gran parte de la población indígena que no cuenta con certidumbre salarial y que incluso solo vive del tejido de sombreros de palma cuyo ingreso representa de $4.50 a $6.00 diarios.

Al igual que con el sistema educativo la inversión pública se reduce a la edificación de clínicas, que a la larga se ven forzadas a cerrar por la falta de mantenimiento, medicinas o personal humano que las atienda. Según datos de diciembre de 1997 en todo el terrritorio de la montaña, existían un total de 108 casas de salud con igual número de técnicas de salud, lo que representa el 15.4 del total de 700 que había en el estado. Por cuanto hace a unidades médicas del sector salud en la montaña solo existen 156 unidades de consulta externa, 18.8% del total de las 830 que hay en el estado. Las mismas estadísticas revelan que por todas las instituciones públicas de la salud en la región sólo hay 175 médicos de un total en el estado de 2,835, lo que equivale al 6.2%. En la región sólo hay 32 781 derechohabientes a la seguridad social, esto quiere decir que sólo el 1.12% de la población de la montaña cuenta con un servicio médico gratuíto. A nivel nacional las zonas indígenas de Guerrero son las de mayor índice de desnutrición, el DIF- Guerrero informa que el 5.7 de cada 10 niños sufre grave desnutrición. Los municipios con mayor desnutrición en la población son Malinaltepec, Xalpatlahuác, Atlamajalcingo del Monte, Metlatónoc y Zapotitilán Tablas. Ante esta frialdad numérica de la salud, la muerte cobra sentido como la única solución que mitiga los males corporales.

Los esfuerzos tendientes a la prevención de enfermedades, se guían por una estrategia carente de lógica sistemática, abundan los casos de desnutrición e infecciones intestinales, padecimientos relacionados de manera indiscutible a la pobreza y a la exclusión. Contradictoriamente, se engaña y se forza a mujeres humildes a esterilizarse en un afán desquiciado por acabar con los pobres y sus enfermedades, "muerto el perro se acaba la rabia".

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Situación de la mujer

Es precisamente la mujer el sector más desprotegido de la población indígena en la montaña, en todos los aspectos de la violencia estructural en que se vive.

Maltratadas de manera permanente por el marido, la mujer que se atreve a denunciar los agravios cometidos por el esposo tiene que padecer en la mayoría de los casos el desencanto de no ver resuelto su problema por la vía legal, sea por negligencia de la autoridad, sea por la falta de elementos para demostrar su dicho o por la misma actitud represiva del esposo. De igual forma, los casos en que la pareja es víctima de homicidio están destinados fatalmente a la impunidad.

La comisión del delito de incumplimiento de las obligaciones de asistencia familiar, es el que se observa con la mayor naturalidad del mundo. Dentro de los dramas cotidianos de la montaña, la figura de la mujer abandonada por el marido que ve sola por los hijos, solo se presenta como un cuadro más de la miseria, no es visto a la luz como el apéndice de una crisis estructural del respeto a los derechos humanos entre la sociedad.

La extrema carencia de fuentes de empleo alcanza de manera más vertiginosa a la mujer que al hombre. Para lograrse un trabajo cercano a su comunidad, o la misma oportunidad de estudiar, muchas niñas y adolescentes indígenas se trasladan a Tlapa, lugar donde serán contratadas como empleadas domésticas teniendo como único salario, el techo y la alimentación en el hogar, o bien, son expuestas a la avaricia de comerciantes que las contratan como meseras en cantinas para introducirlas en el negocio de la prostitución. A raíz del proceso de militarización que se ha extendido en los últimos años, en Tlapa, abundan giros negros donde jovencitas indígenas ofrecen sus servicios como la única forma de asegurar recursos para subsistir.

Este infortunio de género, no escapa a los ojos ambiciosos de lideres políticos, que ven en la mujer indígena el medio propicio para asegurar lealtades a partir de la explotación de sus alarmantes necesidades domesticas. Con la esperanza de recibir despensas o el Progresa, grupos de mujeres son cooptadas para servir como promotoras del voto, abriéndose una lucha encarnizada con aquellas que no se les dio esa "encomienda" pero al igual que a las primeras anhelan la dotación de apoyos para menguar el hambre de sus familias. Esta lucha por el alimento, por un lado relativiza la unidad familiar y comunitaria, provocando un cisma al interior de las comunidades, y por el otro sienta las bases para el acotamiento de los procesos organizativos de la población.

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