Megaproyecto del Istmo


UN SUEÑO CORTESIANO: EL ISTMO DE TEHUANTEPEC  *
Nemesio J. Rodríguez 
Instituto Nacional Indigenista 
Oaxaca, Oax.
“La oruga creyó ver, en el tractor que 
venía por la brecha, a Dios y se prosternó 
para reverenciarlo. Murió aplastada al paso 
de la estrepitosa máquina” 
Castigo Divino. Abraham Nuncio
 

“Tehuantepec fue el termómetro para 
medir el valor ético de nuestros hombres 
públicos”. 
Antonio Gómez Robledo, 1955.
 

 Con la Cuarta Carta de Relación de Hernán Cortés comienza un desvelo constante, a través del tiempo, para las estructuras occidentales hegemónicas, alrededor del Istmo de Tehuantepec: la comunicación interoceánica por el mismo. Esta idea fija, obstinada, comienza a tomar forma 250 años después (Bucarelli) y a principios del siglo XIX y finales de la colonia Humboldt plantea su potencial, entre otras probabilidades (Nicaragua, Panamá , Darien o Cupica y Raspadura). 

 La naciente república mexicana, a la cual le lleva más de un siglo traumático la organización nacional, no quita el dedo del renglón en una compleja relación interna y externa debida tanto a las pretensiones expansionistas de los vecinos del norte como de las aspiraciones dominadoras de los del otro lado del Atlántico. En y alrededor del Istmo de Tehuantepec aparecen figuras públicas con posiciones a veces complementarias y otras contradictorias: Obregozo, Giordan, Santa Anna, Garay, Matías Romero, Ocampo, Miramón, Juárez y Porfirio Díaz, entre otros mexicanos; intervienen norteamericanos como Buchanan, McLane, Hargous, Lagere, Slidell, Renterie, Sloo, Grant, Eades; ingleses como Manning, Mackindtoch, Shneiden, Pearson; y franceses como DeGyves y Brasseurs. Entre ellos, y otros, se teje una urdimbre en muchos niveles con un solo eje. Se estudia, investiga y proyecta, se hacen tratados que se ratifican, rectifican y rompen, se afirma soberanía y se concesiona territorio a plazo fijo, se promueven obras y colonización a través de empresas constructoras y deslindadoras, se comercia abasteciendo a las anteriores y traficando con maderas preciosas tropicales. Todos los que juegan y las situaciones que se crean giran en y alrededor del eje propuesto de comunicación interoceánica ístmica: ferrocarril o canal o ferrocanal. Todos lo quieren, consecutivamente, por distintas razones y todos lo rechazan, sucesivamente, por razones cuyunturales tan buenas como las anteriores. 

* En prensa en “El Estado del Desarrollo Económico y Social de los Pueblos Indígenas de México” - INI/PNUD, México, 1998. 

En este siglo, en su primera década, Porfirio Díaz inaugura los puertos de Minatitlán y Salina Cruz, unidos por el Ferrocarril del Istmo, Pearson funda la compañía petrolera El Águila e instala la primera refinería en la región. En la década siguiente cruza el primer buque, por cierto de bandera norteamericana, por el Canal de Panamá y Carranza da por terminado el contrato sobre puertos, ferrocarriles y telégrafos que se tenía con Pearson&Co. Veinte anos después, Cárdenas decreta la expropiación petrolera, luego de derogar el artículo octavo del Tratado de 1853 de  límites entre México y Estados Unidos cancelando los derechos de tránsito, de estos últimos, por el Istmo. Para mediados del siglo ya se transita por la Carretera Panamericana en el Istmo y está pavimentada la de Coatzacoalcos a Salina Cruz, mientras que entran en operación la planta de amoníaco en Cosoleacaque y el oleoducto de Minatitlán a Salina Cruz y se comienza la construcción del complejo petrolero Pajaritos. Para mediados la década de los años setentas se iniciaban las construcciones petroleras de Cangrejera y la refinería de Salina Cruz. En 1977, los puertos industriales y petroleros de Coatzacoalcos y Salina Cruz son concebidos como los extremos de un ambicioso proyecto llamado Servicio Multimodal Transístmico, conocido popularmente como “Alfa-Omega”, cuyo eje era el de proponerse como una alternativa terrestre al Canal de Panamá. Si bien la perspectiva resulto adecuada con el tiempo, en ese entonces era un proyecto inmaduro; para realizarlo se requerían transformaciones jurídicas, administrativas y fiscales nacionales, además de políticas sociales y ambientales claras y de envergadura que remontaran atrasos y rezagos. Lo único que había eran  ideas, voluntad y alternativas tecnológicas, además de que se perfilaba un cambio dramático en la situación políticoeconómica internacional que darían la visión de “marco de necesidad objetiva” a la comunicación transístmica. 

 Las aproximadamente 3 millones de hectáreas ístmicas que nos ocupan han sido una zona de asentamientos humanos antiguos, aunque no muy densos; es decir, que ahí hay 3 mil 500 años de poblamiento constante, hasta donde hoy se sabe. Laguna Zope (Oaxaca) sería el sitio regional más antiguo de la etapa de  las aldeas. Luego, en Veracruz, estarían San Lorenzo, Tres Zapotes y La Venta en la frontera tabasqueña, que son productos de los Olmecas quienes, según Alfonso Caso, formarían la “cultura madre” de otras (Maya, Teotihuacana, Tajinense, Monte Albanense y demás). A los tres sitios anteriores de la vertiente del golfo y expresiones de la etapa de los centros urbanos, hay que sumarle Saltillo (Oaxaca).  En la próxima etapa cronológica, la de los señoríos, aparecen Tehuantepec y Guiengola (Oaxaca) como hitos destacados en la región istmeña. A mediados del siglo pasado, la Didjazá  predominante del istmo sur, Doña Juana Cata, le impide el acceso de Guiengola al sacerdote-aventurero-explorador-arqueólogo-literato francés Charles Etienne Brasseur “dit de Bourbourg”. A partir de la construcción de naves, para explorar el Mar del Sur, ordenada por el conquistador Cortes, la suerte y el destino de la región y sus pueblos indios queda ligada y entretejida con los avatares coloniales y republicanos de Nueva España y México. Tiempo lento de un largo proceso regional de intercambios terrestres en el eje este-oeste que se va perfilando, en el presente, hacia relaciones interoceánicas norte-sur. 

 En las Relaciones Geográficas de fines del siglo XVI referentes a Guazacualco y Teguantepec, las que conjuntamente se refieren al territorio aproximado y actual que nos ocupa, aparecen informaciones importantes. De la vertiente del golfo nos comunica que hay 20 españoles casados, con 76 pueblos tributarios habitados por 3,000 indios de lenguas “mexicano corrupto”, popoluca, mixteca y zapoteca. De la vertiente sur  se dice que hay 25 españoles casados en 3 cabeceras con 37 localidades tributarias habitadas por 4,620 indios de lenguas chontal, mixe, mixteco, náhuatl, guazonteco (huave) y zapoteco y que esta última es la lengua franca regional. En estos documentos se informa de la dramática caída de la población indígena regional en treinta años (1550-80) estimándose la misma en aproximadamente el 84 %. Estas fuentes dan cuenta de la humedad, ricos suelos y abundancia de agua en la zona norte y de la sequedad, suelos magros y arenosos y los pocos cursos de agua en la planicie costera sur; zonas divididas por la Sierra Atravesada. En ambos lados, con sus pesos relativos, se anota la diversidad agrícola, frutal, mineral y faunística de cada una. Pedro de Alvarado, de triste memoria, pasaría por el Istmo “por ser el más principal camino que hay desde la Ciudad de México a la de Guatemala”. 

 Durante la época de consolidación conquistadora (siglo XVII) la relación colonial regional fue ríspida, desembocando en insurrecciones como la lidereada por los zapotecos istmeños en 1660 a la cual se suman zoques, mixes, chontales, huaves y zapotecos serranos. Durante un año se autogobiernan con su principal Don Marcos de Figueroa, descendiente de Cosijopii. Son derrotados y masacrados por las fuerzas de la Corona, su principal vendido como esclavo a las minas zacatecanas. No mejoran las situaciones con la República. En 1831 y 1853 hay dos grandes rebeliones popolucas, a los que se les suman nahuas, en los momentos en que se da un proceso de colonización regional con inmigrantes franceses. Poco después juchitecos y tehuanos se rebelan contra Juárez por los impuestos sobre la comercialización de la sal que se pretende aplicarles. Movimiento que culmina con juchitecos contra tehuanos. Los primeros eran tributarios de los segundos y estos eran depositarios de la autoridad gubenamental. En la vertiente norte del istmo, entre 1862 y 1864, los popolucas apoyan el movimiento autonomista regional de Juan Sagredo y en contra de la intervención francesa. En 1906, popolucas y nahuas se suman a la rebelión magonista de Acayucan, en el cual participan yaquis liberados por la fuerza de su condición de esclavos en las haciendas azucareras. Fracasan, son derrotados, y vuelven a tomar las armas entre 1908 y 1914 contra los poderes oficiales y caciquiles de ese entonces. En 1910 y 1931 los juchitecos vuelven a tomar las armas en defensa de sus derechos territoriales y en contra de los poderes y ordenanzas territoriales emanadas desde los Valles Centrales de Oaxaca. Cincuenta años despues Juchitán se convierte en el segundo municipio de oposición a nivel nacional y primero estatal. 

 Del siglo XVI en adelante la población istmeña, sobre todo indígena pero también negra y mestiza, ha estado coercionada por ciclos económicos marcados con pesos relativos espaciales y temporales diferenciados, tanto en la vertiente norte como en la sur. Estos ciclos fueron orientados por el cultivo del cacao, tabaco, algodón, ixtle, caña de azucar, pimienta, añil, café, pasturas, arroz y ajonjolí, con el maíz de acompañamiento y autoconsumo; mientras hay maíz, algo todavía funciona. A los anteriores se les entrecruzó la extracción de sal, oro, maderas finas, petróleo, puzolana, cal, marmol y la imposición paulatina de ganadería en el trópico. Estos procesos productivos escalonados y/o combinados, según los casos, conjuntamente con sistemas de comunicación y servicios más eficientes y adquisiciones tecnológicas más complejas fueron creando formas diferenciales de acceso y uso de la tierra, tanto a nivel rural como urbano. De la hacienda colonial con sus encomiendas y esclavos, y las congregaciones con manto evangelizador a la pequeña propiedad, el ejido y la comunidad actual implicó múltiples transformaciones. Hoy, en el Istmo, predomina la propiedad social de la tierra con 1,230 núcleos agrarios de los cuales el 95 % son ejidos y 5 % comunidades. Sin embargo solo 249 núcleos agrarios están en municipios que tienen del 51 %  al 100 % de población indígena estimada; otros 73 núcleos están en el rango de 31 a 50 %  y 908 con 30 % y menos. Es decir que los  mayoritariamente excluidos en el proceso histórico de apropiación de la tierra han sido, en este siglo, los pueblos indios, sobre todo en el istmo veracruzano, ya que en el oaxaqueño los núcleos agrarios en municipios con mayoría absoluta de población indígena, casi duplican a los que se encuentra en municipios predominantemente mestizos. Es decir que en el istmo sur es más clara la división entre propiedad social indígena y pequeña propiedad mestiza. Ahora bien, en sí misma, la tenencia de la tierra nos dice bien poco si no la correlacionamos con sus condiciones y potencialidades. 

 La región ístmica es una de las grandes  áreas “teóricas” de biodiversidad nacional y su riqueza se debe a que es un espacio de confluencia de los reinos neotropical y neártico y de las biotas de los Golfos de México y de Tehuantepec. Este entretejido biológico es delicado y frágil. Las alteraciones a este marco ambiental son evidentes, medibles, y todas tienen base en “proyectos de desarrollo” de distintos tipos. Selvas arrasadas para instalar población indígena afectada por presas (Uxpanapa); ganadería extensiva y sobrepastoreo (Veracruz), colapso forestal en el istmo veracruzano; deforestación inducida de 53,000 has para construir presa y distrito de riego inservibles (Presa Benito Juárez y D.R. No. 19); utilización indiscriminada de plaguicidas y fertilizantes químicos (Parathión, Dimocab, Gramoxone, Carmex, Lanate, Furandann, Dimethosfe, Manzanate D-80); promoción del cultivo del café más allá  de sus límites altitudinales (serranías popolucas, mixes, zoques y zapotecas); contaminación de curso de agua por desechos industriales y urbanos (el Coatzacoalcos ya es un río muerto); derrames petroleros y químicos (11 rupturas graves de poliductos en Salina Cruz en los últimos 10 años); instalaciones industriales y agroindustriales inadecuadas y mal ubicadas (ingenios azucareros Santo Domingo y López Portillo sobre rió Los Perros y Chicapa, 200 km2 desvastados entre Minatitlán, Cosoleacaque y Coatzacoalcos); deterioro grave del suelo y su capacidad productiva (los chontales oaxaqueños pasaron de tonelada y media de maíz a solo 200 kg. por hectárea en 8 años, en Morro Mazatán); contaminación de lagunas costeras y aguas marinas (sistema lagunar huave, puertos de los dos golfos). Además de lo anterior hay tres zonas de específica biodiversidad que se encuentran severamente amenazadas y presionadas por intereses madereros y de colonización espontánea y planificada (Chimalapas, Los Tuxtlas y Uxpanapa). El turismo mal planificado también deja su huella, como en Huatulco, en donde se eliminó el caracol púrpura panza y se presiona a uno de los restos importantes de  selva baja caducifolia que quedan en el país, amén de generar un cordón de miseria con la población indígena y mestiza regional. 

 A estos efectos negativos de un desarrollo económico y productivo mal planificado hay que agregarle los resultados de una política caótica de población regional. Para fines de la década de los años sesenta había un poco mas de 200 mil habitantes en el Istmo el 83% de los mismos pertenecía a un grupo étnico (originario o por migración). Para 1990 la población regional se acerca los 2 millones de habitantes, siendo indígenas el 51% en el istmo oaxaqueño y 13 % en el veracruzano. Es decir, la población indígena pasa a representar el 24 % de la población global istmeña. Ahora bien, del total de población istmeña, el 40 % vive en 15 ciudades con más de 20 mil habitantes, el 76 % en 10 ciudades veracruzanas y 24 % en 5 oaxaqueñas. El resto, alrededor del millón 200 mil habitantes, se reparten en 3,022 localidades istmeñas. La población indígena en la zona pertenece a 12 grupos étnicos distintos: zapotecos, nahualt, mixes, popolucas, huaves, chinantecos, zoques, mixtecos, chontal de Oaxaca, mazatecos, tzotzil y chochos. En los 80 municipios ístmicos hay población indígena con distinta densidad y presencia. En 35 municipios la población indígena estimada está  entre el 51 y el 100 % de sus habitantes, en 5 entre el 31 y el 50 % y en 40 está  presente con menos del 30 %. Entre los primeros se encuentran 17 de alto índice de marginalidad y expulsión de población. Es decir, que entre los municipios más indígenas de la región se concentran los rasgos de población mas vulnerable si observamos que, además, el 37 % de su población es analfabeta, el 73 % de los mayores de 15 años no tienen la escuela primaria completa, el 42 %, el 67 % y el 84 % de sus viviendas no cuentan con electricidad, agua entubada  drenaje, respectivamente, y el 71 % de sus habitantes se dedican a actividades en el sector primario. Es sobre estas condiciones sociales y ambientales que se plantea la concreción de una “renovada” versión de conexión transístmica. 

 En marzo de 1996 se conoce la existencia de un “Programa Integral de Desarrollo Económico Para el istmo de Tehuantepec (Oaxaca-Veracruz)” por el cual, ahora si, esta región accederá  al tan esperado “desarrollo”. El eje del mismo es la modernización, por licitación, del ferrocarril y las dos terminales portuarias que une, la construcción carretera rápida de cuota y equipamiento urbano. Sobre este eje se identifican un total de 125 proyectos: 20% urbanos; 18.4 %  petróleos y petroquímicos; 6.4 % portuarios; 6.4 % forestales; 5.6 % carreteras; 4.8 % minería; 4.8 % agroindustriales; y 3.2 % turismo. 

 El Programa planteado se ubica en la perspectiva de insertar la región en la circulación de bienes y servicios a gran escala en el mercado mundial, articulando dos de las tres cuencas marítimas más importantes para las transacciones internacionales: la del Atlántico Norte y la del Pacífico. Por las dimensiones de infraestructura física y requerimientos financieros, el Programa Integral es llamado, “normal y adecuadamente” como Megaproyecto del Istmo. La percepción popular es certera. Además es obvio que, asumiendo la globalización como un proceso consumado, el país debe utilizar todas las ventajas comparativas que tiene a su disposición para participar en los grandes flujos comerciales internacionales, es su derecho y su necesidad; pero su ejercicio es más, mucho más, que la ubicación de proyectos sobre un mapa pasando por encima, “olvidándose”, de las sociedades regionales y sus ecosistemas. Los ausentes en la propuesta, aunque supuestamente para su beneficio, son el ambiente y la población  que detenta la propiedad social de la tierra, tanto campesinos mestizos como indígenas empobrecidos. Población que, en general, comparte las condiciones de una sociedad civil débil, poco y mal organizada, poco y mal informada, poco y mal articulada. Se trata, entonces, de la construcción de una interrelación de ambientes y sociedades locales en términos permanentes, en donde estas sean partes integrantes completas del megaproyecto, en donde lo cualitativo (ecosistemas y socioeconomías regionales, información de calidad y promoción y protección de derechos) sea condición inaplazable de participación en la creación de mecanismos reguladores y de evaluación, en la corrección de impactos y en la toma de decisiones, conjuntamente con los planificadores e inversionistas, estatales y/o privados.            . 

 Es en el Istmo de Tehuantepec donde están dadas las condiciones para repetir los fracasos del pasado alrededor del desarrollo regional, la marginación campesina y la segregación de los pueblos indios. También en el Istmo de Tehuantepec se encuentra el potencial, no discursivo, de un programa de desarrollo sustentable, tecnológicamente apropiado, ecológicamente orientado, democráticamente concebido, culturalmente adecuado, a través del cual se construya una nueva relación entre la región y la nación, entre lo local y lo universal, entre el Estado y los pueblos indios. ¿Será? 

Notas: 

1.- El presente escrito es parte de la investigación “Proyecto Multimodal del Istmo de Tehuantepec” que se lleva a cabo en la Dirección de Investigación y Promoción Cultural del INI, en el marco del “Estado del Desarrollo Económico y Social de los Pueblos Indígenas de México”, INI/PNUD. 

2.- Toda la información estadística en el presente escrito proviene del “Sistema Información Básica para la Acción Indigenista”, Dirección de Investigación Promoción Cultural, INI. 
 

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