¿Solución militar?
Francisco Valdés Perezgasga
Al parecer no hay forma que podamos avanzar en el combate al más grave problema de salud pública que hayamos enfrentado en nuestra historia. Me refiero al envenenamiento masivo por metales pesados que aqueja a decenas de miles de torreonenses. Cuando parece que avanzamos un paso, pronto aparece una situación que nos hace retroceder dos.
A mediados de agosto publiqué una columna (¿Un rayo de esperanza?) en la que me preguntaba si los recientes acontecimientos apuntaban hacia un combate coordinado al problema generado por Peñoles. En particular, el acuerdo del 7 de agosto para invitar al Centro Nacional de Salud Ambiental firmado con formalidad en el Congreso del Estado, parecía apuntar hacia un futuro de toma de decisiones racionales y consensadas que podrían llevarnos a poner fin al azote de la salud y del futuro de los torreonenses. El espíritu generado por ese acuerdo no sobrevivió ni once días.
Hoy sabemos que, sin consultar a los firmantes del acuerdo, el presidente del Congreso, Heriberto Ramos Salas, envió un boletín de prensa a diversos medios descalificando al organismo elegido antes de que se les hubiera invitado siquiera. Las razones diplomáticas esgrimidas son baladíes donde las hubiera. El mencionado centro trabaja en México desde hace años en programas que incluyen el envenenamiento por plomo en niños. Si existiera un obstáculo para su participación, esta vigorosa colaboración nunca se hubiera dado. Lo que logró el boletín de Ramos Salas o aquellos que puedan estar actuando a través suyo- fue destruir el poquísimo camino andado, destejer el consenso, ocultar el rayo de esperanza.
Justo es preguntarse que se necesitará para solucionar el grave problema en el que Peñoles nos tiene sumidos a los torreonenses desde hace décadas. Que hará falta hacer para liberarnos de este yugo y de este azote. Suena bonito establecer nuestra confianza en el triunfo último de la verdad y la justicia, pero más difícil es avizorar la cadena de pasos prácticos para andar el camino que nos entregue a un futuro libre de esta calamidad que continúa comprometiendo el futuro de miles de niños y de niñas torreonenses.
El rompimiento del consenso del 7 de julio significa que volvemos a quedar divididos en dos bandos. El otro bando, el del poder, podrá sentirse brevemente satisfecho por haber logrado evitar la supervisión de un centro profesional e insobornable. A quienes estamos del lado del envenenado nos queda una sola opción: clavar de nuevo el mentón y darle para adelante. Mantener el terco dedo en el renglón buscando que la razón acabe por imponerse.
Para nuestra fortuna y nuestra desgracia también nos queda soñar. El 13 de agosto de este año, la Misión de las Naciones Unidas para Kosovo, cansada de que los serbios de Mitrovitza no hicieran caso de controlar sus emisiones de plomo (de una planta mucho más pequeña que la que Peñoles opera en el corazón de Torreón), decidió tomar medidas drásticas. Usando como razón el daño irreparable que se causaba a la niñez kosovar y el compromiso que entraña para el futuro de esta región del mundo- ordenó a las tropas de la KFOR cerrar la planta con la fuerza de las armas.
Desconozco que haya un precedente en que se haya dado una solución militar a un problema de medio ambiente. Dado el tamaño relativo del problema Mitrovitza es una ciudad menor a Torreón y la planta es más pequeña que Peñoles- me pregunto que tipo de argumentos serán necesarios para que nuestros funcionarios, nuestros representantes, sean capaces de mostrar un mínimo de rectitud y dignidad. Ya no para que nos manden los tanques de la OTAN a defendernos de la contaminación. Tan sólo la rectitud y la dignidad necesarias para cumplir con su palabra y con los compromisos.
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Dr. Francisco Valdés Perezgasga (fvaldes@itlaguna.edu.mx)
Departamento de Ingeniería Eléctrica y Electrónica
Instituto Tecnológico de La Laguna
Torreón, Coahuila