La agricultura, los recursos fitogeneticos y el maiz transgenico en México


Por Antonio Serratos Hernández

En México nos enfrentamos a problemas muy complejos en la agricultura relacionados con los recursos naturales. El diagnóstico de esta situación lo podría resumir así: 1) El suministro de agua para uso humano directo y para la producción de alimentos está comprometido en varias regiones del país. 2) La producción de alimentos per cápita ha disminuido considerablemente. 3) La pérdida creciente de especies y biodiversidad en los ecosistemas agrícolas y naturales está ligada al deterioro de hábitats, sobreexplotación de recursos, cambios climáticos, la dispersión acentuada de especies exógenas, y contaminación del aire, suelo y agua. 4) Los agentes causantes y los vectores de enfermedades se hacen cada vez más resistentes a los controles químicos y biológicos, por lo que con mayor frecuencia presenciamos el surgimiento y resurgimiento de enfermedades y plagas que afectan a plantas, animales y al hombre. 5) En la atmósfera, la lluvia ácida y el incremento en la concentración de ozono causan daños a la población, bosques y cultivos. 6) El suelo arable sufre erosión, sobreexplotación, pérdida de fertilidad, salinidad y en muchos casos se abandonan las actividades agrícolas. 7) La población y su crecimiento es un factor que tiene un impacto considerablemente alto en el manejo de recursos y el ambiente. 8) Los patrones de actividad económica del gobierno y de empresas privadas, con frecuencia producen daños ambientales.

Dentro de este contexto se presenta un nuevo elemento que seguramente tendrá un papel cada vez más significativo y preponderante en el desarrollo: la biotecnología. En el sector agrícola, está ocurriendo un proceso biotecnológico acelerado y, desde finales de los años ochentas, se han generado variedades novedosas de plantas por medio de biología molecular, que hoy son cultivadas en la mayoría de los países industrializados. Uno de estos productos es el maíz manipulado por medio de la ingeniería genética; se le conoce como maíz transgénico. Hay dos tipos disponibles en el mercado de los países industrializados: el resistente a la infestación de insectos y el tolerante a la aplicación de herbicidas.

Estos son los dos únicos productos transgénicos de maíz disponibles y por grandes compañías multinacionales agrobiotecnológicas. Para tener una idea de por qué se le llama maíz transgénico, tomemos el ejemplo del maíz resistente al ataque de insectos. En este caso, al maíz normal se le modifica su constitución genética por medio de la inserción de genes provenientes de un tipo especial de bacteria, Bacillus thuringiensis, y de esta forma el maíz expresa estos genes y produce proteínas especiales que lo protegen de insectos.

Los dueños de estas tecnologías argumentan que el uso de estos materiales transgénicos elevará la productividad del cultivo al disminuir las pérdidas producidas por estas plagas; incrementará la rentabilidad al disminuir el uso de insecticidas y, en consecuencia, se protegerá al ambiente. El cultivo de plantas transgénicas aliviaría la presión sobre otros ambientes silvestres, porque no se necesitará abrir más áreas a la agricultura en virtud de su mayor potencial productivo.

Pero las plantas transgénicas generan preocupación entre diversos sectores de la sociedad y de la academia, que argumentan que son incompatibles con la sustentabilidad de los agroecosistemas, exacerban la uniformidad de los cultivos y, al estar controlados por empresas privadas, se pone en riesgo el acceso libre a la semilla. Se argumenta que el flujo genético, a través del polen de las plantas transgénicas hacia las plantas silvestres emparentadas con los cultivos, podría tener consecuencias indeterminadas e impredecibles sobre los diferentes organismos que componen los agroecosistemas. Sin entrar en demasiados detalles técnicos y en la perspectiva de la agricultura del maíz en México, algunos de estos argumentos se sostienen: nuestro país es centro de origen y diversidad del maíz y se encuentran presentes dos de sus parientes sivestres, el teocintle y el tripsacum.

Si bien en México no se ha permitido el uso de maíz transgénico entre los productores, y menos aún desarrollado uno, la disponibilidad de este producto es una realidad por la cercanía con los Estados Unidos. Ya se discute y analiza su pertinencia entre nosotros. Estas posiciones encontradas han generado controversias en algunos países, y en menor escala en México. Se piensa que esta tecnología impactará áreas relacionadas con la conservación de la biodiversidad, la bioseguridad, los derechos de propiedad intelectual y el desarrollo tecnológico.

Es innegable que necesitamos incrementar la productividad del sector agropecuario y, al mismo tiempo, proteger y conservar nuestros recursos naturales y mejorar el entorno ambiental. La tremenda presión que ejercen el crecimiento poblacional, la desigualdad y la pobreza, explica por qué en muchas ocasiones no se ha considerado de alta prioridad la búsqueda de alternativas ecológicamente amigables en la agricultura, y se tiende a intensificar la producción sin prestar atención a tecnologías adecuadas para ambientes específicos.

El caso del maíz transgénico es un buen ejemplo: el que está disponible en el mercado no parece ser, en un análisis superficial, el más adecuado para tratar de adaptarlo a nuestros ambientes, porque es resistente al ataque de insectos que no se encuentran en el país y en el caso del transgénico tolerante a herbicidas, no beneficiaría a un alto porcentaje de productores que no pueden adquirirlos. Sin embargo, esto no quiere decir que la biotecnología del maíz transgénico sea inútil, sino que se debería explorar más a fondo cómo integrarla a los problemas ecológicos de la agricultura.

México tiene una gran diversidad de recursos fitogenéticos de maíz y las herramientas biotecnológicas serían piezas clave en la conservación y uso de esos recursos para cubrir las necesidades reales dela población. Si contamos con ese gran acervo fitogenético, además del que aún se conserva in situ, es pertinente tratar de lograr un mayor avance en el desarrollo de una biotecnología agrícola propia, acorde a nuestras condiciones. Con ello estaríamos en el camino de una mayor independencia tecnológica. Hay indicios de que esto sucede con el maíz: el trabajo de varias instituciones públicas de investigación, como el Centro de Investigación y Estudios Avanzados, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias y otras del sector agrícola, así lo demuestra. Ha llegado el tiempo de generar una discusión más amplia acerca de los problemas agroecológicos y el papel de la biotecnología en el desarrollo sustentable.



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