Contaminación

DESECHOS PELIGROSOS: UNA HISTORIA DE TERROR

 

Por: Lila Albert


Segunda y última parte


¿Qué es un desecho peligroso?

¿Cuántos DIP se generan en México?

¿Qué se hace en México con estas cantidades de DIP?

¿Cuántos DIP se importan?

¿Y la capacidad de vigilancia y control?

¿Cuáles son los efectos de los DIP sobre la salud?


¿Qué es un desecho peligroso?

De acuerdo con la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LEE) en México sólo se considera como desechos peligrosos a los que por sus características corrosivas, tóxicas, venenosas, reactivas, explosivas, inflamables, biológicas, infecciosas o irritantes, representan un riesgo para el equilibrio ecológico o el ambiente. Así, para la legislación mexicana no son peligrosos los residuos oxidantes, nocivos, carcinogénicos 

¡ ni los ecotóxicos!

La forma de definir un desecho tiene mucho que ver con sus fuentes de generación, su cantidad y destino final. En la LEE no se consideran explícitamente los efectos adversos de los residuos peligrosos sobre la salud humana, aunque es claro que se podría arguir que eso debe ser función del sector salud.

Los principales desechos peligrosos pueden ser, entre otros, de origen industrial, doméstico u hospitalario. Aquí sólo se hablará de los primeros y se les abreviará como DIP.


¿Cuántos DIP se generan en México?

En 1992 la que fuera Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE) informó que para el período 1989-1990 se generaban anualmente en el país por lo menos 5 millones de toneladas anuales de DIP. Sin embargo, revisando sus declaraciones y las de otras autoridades, no se encuentra la fuente en que basan estas estimaciones y por qué se aprecia en cada informe oficial sucesivo que las cifras parecen obtenerse por adiciones del equis por ciento.

En contraste, y enfrentado a la misma desinformación sobre este punto, Fernando Ortiz Monasterio propone en su libro El manejo de los desechos peligrosos en México un método para calcular estos residuos que por lo menos es lógico y, hasta donde se sabe, no ha sido descalificado por las autoridades. Este método requiere que se compare el valor de la producción química nacional con la de Estados Unidos (lo que para 1985 da aproximadamente el 7.5 por ciento) y que, conforme con la producción de DIP estimada para ese año en dicho país (260 millones de toneladas), se calcule el valor correspondiente para México. Esto da una cifra cercana a los 20 millones de toneladas anuales y concuerda con lo que se puede estimar, siguiendo el mismo criterio, al comparar la producción de la industria de México con la del estado de California.

Sin embargo, este valor (de hace unos siete años) sería muy conservador pues no toma en cuenta que la industria mexicana aún dispone mayoritariamente de tecnología obsoleta y funciona bajo la idea generalizada de "externalizar" los costos; es decir, considerar que el aire, el suelo y el agua son bienes gratuitos a los que se puede tirar cualquier cosa con tal de reducir costos y "generar empleos", tal como si estuviéramos al principio de la Revolución Industrial, o sea, en tiempo del cura Hidalgo.


¿Qué se hace en México con estas cantidades de DIP?

Conforme a los datos disponibles, en 1988 sólo era posible asegurar el manejo y disposición correctas de 25 mil toneladas de desechos industriales peligrosos por año, lo que representaba el 0.14 por ciento. En 1991, antes del cierre de los confinamientos del Mezquitic y Guadalcazar en San Luis Potosí, se calculaba que sólo cerca de uno por ciento del total de este tipo de residuos generados anualmente en el país podían tratarse correctamente. Conforme a publicaciones recientes, se calcula que de los DIP generados en Monterrey – que está cerca del único confinamiento en operación de este tipo de desperdicios – no más del 3 por ciento son tratados y confinados adecuadamente. Estas cifras indican que en todo el país, en el mejor de los casos, entre el uno y el tres por ciento de los desechos industriales peligrosos llega a tener un manejo adecuado, mientras que nadie sabe qué sucede en México con entre el 97 y el 99 por ciento restante.

Esto significa , forzosamente, que este altísimo porcentaje debe ser almacenado o mantenido en tiraderos o tanques en el interior de las plantas, llevado a los basureros municipales, quemado en forma ilegal, trasladado a tiraderos clandestinos o, si se trata de sobras líquidas o semilíquidas, derramadas en el drenaje.

Ya se decía que cualquier zona industrial en México tiene el dudoso honor de contar con uno o más de estos "sistemas" de disposición de los DIP, de lo cual San Luis Potosí y Ciudad Juárez son los ejemplos mejor estudiados, aunque se puede predecir que en todas las zonas industriales del país se encuentran casos iguales o peores.

No hay que olvidar que, a diferencia de otros casos, los DIP que entran al ambiente permanecen en él por sus características de persistencia y bioacumulación y, por lo tanto, que al 97 por ciento que entró en 1991 se agregó el 97 por ciento de 1992, y se agregará el 97 por ciento de este año, y así sucesivamente.


¿Cuántos DIP se importan?

Si no se sabe cuánto se genera, menos se conoce cuánto se importa. Sin embargo, debería ser evidente que las industrias recicladoras no tendrían que importar "materia prima" para reciclar, o sea DIP, puesto que en el país hay gran exceso de la misma.

Por ello, la política de permitir la importación de desechos" siempre que el país cuente con las instalaciones para reciclarlos o disponer de ellos adecuadamente" propicia el aumento de un problema que sobrepasa con mucho la capacidad presente y futura del país para controlarlo.


¿Y la capacidad de vigilancia y control?

En términos de capacidad real de vigilancia y control, se puede decir que ésta casi no existe. Como ejemplo se pueden dar algunos datos sobre las inspecciones a maquiladoras. Conforme con la Secretaría de Desarrollo Social(SEDESOL), entre enero y agosto de 1991 se inspeccionaron 120 maquiladoras, lo que representa el 6 por ciento del total en esa fecha. De ellas, 56 por ciento, o sea casi la mitad, fueron sancionadas y clausuradas temporalmente. La primera cifra se relaciona directamente con la capacidad oficial de vigilancia y la segunda con la tasa de violaciones que se encuentra, lo que es un reflejo, si bien parcial, de las condiciones de operación de estas plantas.

Capítulo aparte merece el tipo de tecnología que usan y otros temas que contrarían las declaraciones oficiales de que " no se permitirá el ingreso al país de industria contaminante". Esto puede ser un buen propósito, o como dicen un wishful thinking, pero de ninguna manera está de acuerdo con la situación actual del país, en el cual se puede demostrar con estudios y documentos que la tecnología contaminante no sólo ya entró sino que se encuentra totalmente a gusto aquí.


¿Cuáles son los efectos de los DIP sobre la salud?

Podríamos remitirnos a los incidentes graves que se han documentado en otras partes del mundo (Love Canal, Minamata, etc.) y decir que son prueba suficiente de que los DIP causa efectos adversos para la salud, sobre todo a largo plazo. Sin embargo, desde 1972 la política oficial para estos casos ha sido afirmar que lo que sea, no se ha probado en México, como si los mexicanos no perteneciéramos a la especie Homo Sapiens, o como si no se hubiera demostrado ampliamente que la desnutrición, la sobreexposición y la exposición múltiple son factores que aumentan los efectos de los contaminantes.

Entre algunos casos que han ocurrido en México, el primero, al menos en la memoria documental, es el pésimo manejo de los desechos del proceso de cromita que hacía la fábrica Cromatos de México, establecida en Tultitlán, Estado de México. Esta factoría no sólo dejaba salir sus desechos líquidos o los depositaba en pozos, con riesgos de contaminar por cromo los mantos freáticos del noreste del Distrito Federal, sino que los acumulaba en montones en los terrenos de la empresa y luego los donaban al municipio para bachear las calles. Como si fuera poco, las autoridades de salud no reconocieron que había daño en la población a pesar de que se encontraron 65 obreros (el 46.4 por ciento) y tres empleados(15.8 por ciento) con el tabique nasal perforado. La conclusión de este caso es que nunca se aceptaron oficialmente los daños a la salud de la comunidad; se dice que el predio fue donado al pueblo para jardín y que la fábrica se cambió al estado de Guanajuato. Esto abre la puerta a un futuro Love canal mexicano.


fuente: Revista ESTE PAÍS.Tendencias y Opiniones. Abril 1993.


primera parte