Artículo publicado en la Revista de Cultura Ecológica "ArcoRedes", año 3, No. 15, mayo-junio de 1996. MEXICO, D.F.
Quizás uno de los problemas ecológicos más graves a los que enfrentamos en nuestra megalópolis es la contaminación del aire, si olvidamos un poco la contaminación por plagüicidas que recibimos al ingerir alimentos que son el fruto de la agricultura moderna.
Dentro de sus causas principales podemos mencionar la ausencia de planificación urbana, la destrucción de los ecosistemas de la Cuenca de México que inicia a partir de la conquista española, el uso inadecuado de las tecnologías modernas, la corrupción guberrnamental, etc.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el ser humano no debe estar expuesto a más de 11 partes por millón de ozono más de una hora una vez por año, lo que equivale a 100 IMECAS (Indice Metropolitano de la Calidad del Aire), lo que implica que cotidianamente los habitantes de la Ciudad de México estamos poniendo nuestra salud en peligro.
Un estudio de la UNAM revela que el incremento de ozono puede deberse al uso de la gasolina Magna Sin, que al disminuir el contenido de plomo produce un incremento del ozono. Por cierto, el plomo a pesar de ser uno de los metales pesados más tóxicos, ya no se mide en las estaciones de monitoreo ambiental. En noviembre y diciembre de 1994 Greenpeace-México utilizando una estación de monitoreo móvil de Alemania realizó un estudio para medir la contaminación del aire al nivel que respiramos, ésto es, a 1.20 metros de altura, ya que las estaciones gubernamentales lo miden de 3.70 a 6.50 m. Los niveles de monóxido de carbono (CO) registrados en la calle fueron 3.5 veces mayores que los que reportaron las estaciones de monitoreo gubernamentales en las zonas cercanas. La concentración promedio de bióxido de nitrógeno llegó casi al doble de lo que registraron las estaciones oficiales del Pedregal, Tlalnepantla y otras. El promedio de benceno fué 3.2 veces mayor que el registrado en la estación Merced, que equivale a más de 9 veces lo que permiten actualmente las normas de Alemania.
Nuestro gobierno en los últimos meses por fin reconoció la gravedad del asunto e implantó el doble y triple hoy no circula, a partir de los 250 IMECAS, y en base al estudio de Greenpeace, que muestra que algunos contaminantes al nivel que respiramos muestran una concentración de hasta el triple de las concentraciones reportadas por el gobierno, implica que el problema es aún más grave de lo que parece. Además de acuerdo a estudios realizados en norteamérica se conoce que la concentración de contaminantes se duplica o más en el interior de los vehículos. Y en nuestra Ciudad se estiman en alrededor de 700,000 personas que trabajan en la vía pública, como mensajeros, ambulantes, vendedores, conductores y vigilantes.
Por otro lado, la población más susceptible la forman los niños y los mayores de 60 años, asícomo las personas con enfermedades del aparato respiratorio. Se estima que hay alrededor de 2 millones de niños menores de 4 años en el área metropolitana y casi 1 millón de personas mayores de 60 años. Otro caso grave es el de los niños de la calle, muchos miles, expuestos a altos niveles de contaminación, que no son como muchos dicen el producto de una madre prostituta y un padre alcohólico, sino el naufragio de una familia en una sociedad que concentra la riqueza en unas pocas manos.
En el Distrito Federal la segunda causa de muerte es por tumores malignos y casi todos los contaminantes son cancerígenos, por lo que es muy probable que exista una relación directa entre los altos niveles de muertes por cáncer y la elevada contaminación del aire y del ambiente en general. Lo que si es indudable es que se rebasan constantemente aún las normas nacionales y se expone a los individuos a concentraciones de contaminantes que ocasionan daños a la salud, violándose así constantemente el Derecho a la Salud que establece la Constitución de la República.
En 1970 había 500,000 vehículos en la Ciudad de México, hoy, a pesar de los datos oficiales contradictorios se estima que existen más de 3,500,000, por lo que se ha agravado el problema de la contaminación del aire. Además se siguen sacrificando áreas verdes para el crecimiento anárquico de la mancha urbana, lo que agudiza el problema. Aún a pesar de todas las condiciones negativas nuestra gran ciudad sigue creciendo a un ritmo desmesurado; algo debe de tener, quizás haya mayores oportunidades de empleo que en otros lugares. La cultura ecológica se tendrá que adquirir a través de la educación y de la aplicación de leyes más severas que normen nuestra conducta. Asimismo implica el poder compartir el mismo espacio con muchos millones de personas sin tropezarnos agresivamente manteniendo limpio y bello el escenario, es cuidar los sonidos, convencernos de que no es necesario ni tanto ruido, ni tanta basura, ni rincones tan grotescos. No se trata de conseguir una tecnología responsable sino de decidir de forma responsable la administración de la tecnología.
El estudio de Greenpeace también midió el ozono en el Ajusco y en el Desierto de los Leones mostrando una concentración aún más elevada que en el centro de la Ciudad, y estudios de la Universidad de Chapingo encontraron que ocasiona la muerte de los Pinus hartwegii en el Ajusco y debilita al oyamel o abeto haciéndolo presa fácil del gusano descortezador en el Desierto de los Leones.
Sabemos que las soluciones las dan principalmente las decisiones políticas y creemos que aún ahora, inmersos en una severa crisis económica, no debemos olvidar que el hombre perdona a veces, pero la naturaleza nunca. Aún estamos a tiempo de evitar una catástrofe ecológica de mayores consecuencias, es posible, si así lo deciden los políticos, y si no lo hacen, si se los exigimos y nos organizamos los ciudadanos, fomentar el uso de los vehículos eléctrico-solares, desalentar el uso de los vehículos particulares, fomentar el uso de vehículos que consuman gas, fomentar el transporte público, fomentar el uso de la bicicleta (como en otros países), evitar el establecimiento de industrias contaminantes y sacar de las Ciudad todas las que quedan (que aportan 10 veces más partículas suspendidas que los vehículos, casi 30 veces el bióxido de azufre, el doble de los óxidos de nitrógeno y casi la mitad de los hidrocarburos, en comparación con los vehículos). La reforestación urbana y rural y la restauración de la Cuenca de México.
Elevar la calidad de la gasolina, hacer más estrictos los reglamentos para los vehículos nuevos, que nuestras normas de calidad del aire sean cuando menos similares a las que se aplican en California, que se midan los contaminantes al nivel que respiramos y se de información veraz y confiable a la población, crear seguridad pública y funcionarios honestos... Las soluciones tecnológicas están muy cercanas, las gentes con el poder político y económico, tienen la última palabra, pero nosotros, los ciudadanos, que somos la mayoría, podemos ayudarlos a tomar la decisión adecuada si nos organizamos y fomentamos la creación de una conciencia ecológica que ayude a la supervivencia de nuestra amada Ciudad y del género humano.
Para mayor información ver:
INFORME GREENPEACE. 1995. La Contaminación al nivel que respiramos. Servicios Integrados. México, D.F. TAMANES, R. 1985. Ecología y Desarrollo. Alianza Editorial. Madrid, España.
DANEL, F. et al. 1991. Patologías de la Ciudad de Mexico. Ciudad de México. Libreria y Editora, S.C. México, D.F.
Revista INFORMACION CIENTIFICA Y TECNOLOGICA. 1988. Vol. 10. No. 139, abril. CONACYT. México, D.F. *Artículo publicado en la Revista de Cultura Ecológica "ArcoRedes", año 3, No. 15, mayo-junio de 1996. MEXICO, D.F.
Carlos E. Pacheco Ochoa. Ecólogo. Coordina un organismo no gubernamental ambientalista independiente, ECOH-Ecodesarrollo Humano, A.C.
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