CAUSAS DE LA ALTERACION DEL
PAISAJE REGIONAL


En la Península de Yucatán, las condiciones ambientales originales han sido severamente modificadas, debido a la intensa ocupación por las socieda-des que la han habitado.  Desde nuestro punto de vista, las principales causas de las modificaciones del paisaje en la Península que afectan a la vegetación y por ende a la distribución original de las 20 especies de palmeras nativas que se desarrollan en la región son:

1 La agricultura trashumante bajo el sistema de roza, tumba y quema, practicada tradicionalmente por los agricultores desde tiempos prehispánicos.  Este sistema ha contribuido a seleccionar especies, aun-que con un ciclo de barbecho prolongado de más de 50 años se puede llegar a restituir el ecosistema original.

2. Sin embargo, las presiones demográficas, sociales y económicas ejercidas sobre los milperos,
los han obligado a alterar el calendario de descanso de los terrenos elegidos para la
agricultura.  Con esto, no se alcanza la regeneración de la fertilidad, diversidad y biomasa
adecuada para que se pueda alcanzar, en la producción de maíz y cultivares
acompañantes, los rendimientos óptimos, ni tampoco una adecuada restauración del sistema
rural.

3. El establecimiento del cultivo de henequén (Agave foureroydes Lem.) en la porción
noroccidental de la Península, que tuvo un gran auge hasta la década de los 70's y que arrasó
con la vegetación original por más de 100 años.  Hoy por hoy, esos te-rrenos conforman
grandes extensiones degradadas, en las que solamente un nuevo monocultivo puede
establecerse pero con un elevado costo de insumos.

4. Las aperturas de nuevas tierras a monocultivos como cítricos o caña de azúcar, sobre todo en
la porción sur de la península.  Esta forma de uso del suelo ha contribuido de forma alarmante
a la "erosión genética' o pérdida de la biodiversidad que caracterizaba originalmente la
Península.  Actualmente existen grandes extensiones de tierras que no tienen ninguna relación
con la vegetación y composición de especies que originalmente la tenían, que con enormes
dificultades podría restaurarse.

5. La instauración de la ganadería extensiva, propia de todo el trópico de América y que cada
día manifiesta una mayor ampliación en la región. Al establecerse los pastizales, se remueve la
vegetación y fauna originales. Es casi imposible que el ecosistema regenere, ya que se pierde
en definitiva en banco de semillas y los dispersores de éstas.
 

6. Los incendios forestales, que han ocasionado la desaparición de grandes áreas de selva.  Al
manifestarse un incendio, se queman una serie de habitats de vegetación y fauna, por lo que
las más delicadas a veces se pierden irremediablemente.

7. Las talas efectuadas en selvas altas y medianas, para la extracción de madera, cuestión que
cada día resulta más alarmante.  Esta actividad económica ha dejado grandes extensiones de
paisaje, desprovisto de sus bosques y ha ocasionado que a la fecha menos de la mitad de las
selvas yucatecas ya no existan.

8. El asentamiento de complejos turísticos y nuevas colonizaciones, instaurados durante las
últimas dos décadas.  Este aspecto ha afectado sobre todo las costas de Quintana Roo y de
Yucatán, con el establecimiento de grandes complejos hoteleros, casas de verano, áreas de
servicio y, sobre todo, superficies sin su vegetación original.

9. La extracción del subsuelo para la obtención de materiales de construcción a partir de la
transformación de roca caliza (canteras, sascaberas. cal cemento, etc.). En la actualidad, si
miramos hacia cualquier punto cardinal de la Península, veremos un número abundante de
estas industrias que ocasionan además efectos nocivos sobre la vegetación circundante a la
zona de actividad.

10. La acumulación de desechos líquidos y sólidos provenientes de los complejos industriales,
que afectan las condiciones del suelo y del manto freático.  En este renglón puede incluirse
toda actividad derivada de la extracción y transformación del petróleo.

11- La sobreexplotación de germoplasma silvestre proveniente directamente de la naturaleza
para fines ornamentales, entre el que ocupa un papel destacado algunas especies de
palmas.  La depredación de estas especies nunca es acompañada con labores de
restauración y ni siquiera de propagación.

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