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Apartir de
1952, continua trabajando en las diferentes zonas arqueológicas
del Sureste Mexicano, dando especial tiempo e interés a la zona
de Palenque, que a partir de entonces se convierte en uno de los centros
arqueológicos más visitados de México y del mundo,
tanto por la magnificencia de la selva tropical, como por la belleza
interior de los edificios y de la arquitectura urbana; así como
por la exquisitez de los bajorrelieves, esculturas, máscaras,
cerámica y pinturas que se guardan en el museo del sitio.

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