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En Cuba: el bloqueo debe cesar, las violaciones a derechos
humanos también
Rafael
Álvarez Díaz
La 57ª Sesión
Ordinaria de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra,
Suiza, condenó a Cuba por violaciones de derechos humanos. Después
de un intenso cabildeo en pro y en contra de la propuesta checa que condenaba
al estado cubano, se llevó a cabo una polémica y cerrada
votación que dio como resultado 22 votos a favor de la condena,
20 en contra, 10 abstenciones (entre ellas la de México) y una
inasistencia en el momento del sufragio.
Esta sanción contra Cuba, eminentemente política, fue promovida
principalmente por Estados Unidos, quien carece de autoridad moral para
hablar en materia de derechos humanos, sobre todo si tomamos en cuenta
el agresivo bloqueo económico y comercial impuesto a la Isla, desde
hace muchos años de manera autoritaria, unilateral e ilegal. Sin
embargo, desde la concepción integral de los derechos humanos,
asumida por cientos de organismos civiles en el mundo, el respeto de las
garantías fundamentales debe estar por encima de cualquier consideración
ideológica, política o de otra índole, independientemente
del régimen que se establezca en cada nación.
La fraterna relación entre los pueblos de Cuba y México
es ya secular. En distintos momentos de nuestra historia, sobre todo ante
las adversidades nos hemos encontrado del mismo lado y han menudeado los
gestos de solidaridad y hermandad entre ambos pueblos. Los gobiernos de
los dos países también han coincidido, como aliados en múltiples
foros multilaterales. No obstante, durante la administración del
presidente Zedillo se observó un enfriamiento en las relaciones
y se dieron ciertas fricciones en el terreno político diplomático.
En la votación correspondiente al mismo asunto, el año pasado,
México también se abstuvo.
La alternancia en el gobierno federal presagiaba un cambio en la política
mexicana respecto de Cuba, sobre todo si consideramos que para nuestro
país la relación La Habana - México - Washington,
ha sido desde hace años estratégica en la geopolítica
de la región. Al parecer, el nombramiento de Ricardo Pascoe, ex
jefe delegacional en Benito Juárez, D.F., como embajador en Cuba,
expresa la preocupación de recomponer, en los mejores términos,
una relación apreciada por ambas naciones.
El pasado 11 de abril, organismos civiles de derechos humanos, intelectuales,
periodistas, escritores y ciudadanos preocupados por la situación
de los derechos humanos en Cuba, nos dirigimos al presidente Fox a través
de una carta, para solicitarle respetuosamente, que el voto de México
en la ONU censurara los abusos de poder que se cometen en la Isla.
En esta misiva decíamos que: ''En los últimos meses, según
informes de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación
Nacional y de reconocidas organizaciones internacionales, el régimen
ha desatado una nueva ola represiva en contra de disidentes pacíficos,
periodistas independientes y defensores de los derechos humanos; asimismo
las recientes presiones a la prensa extranjera acreditada en La Habana
y las detenciones de visitantes opositores pacíficos, como es el
caso de dos ciudadanos checos, complementan un alarmante panorama de persistencia
en la intolerancia.
Por todo lo anterior, esperamos que nuestra delegación en Ginebra,
al margen de presiones, sostenga una posición acorde con los compromisos
internacionales de México y a la altura de nuestra tradicional
relación de hermandad con el pueblo cubano.''
La comunicación fue firmada por Carlos Monsiváis, Jean Meyer,
Sergio Aguayo, Marta Lamas, Angeles Mastretta, Amnistía Internacional
Sección Mexicana, la Red de Organismos Civiles de Derechos Humanos
"Todos los derechos para todos", entre otros.
De acuerdo con las declaraciones públicas de la cancillería,
la abstención es una muestra de la preocupación por la situación
de los derechos humanos en Cuba y al mismo tiempo sostiene que no avala
la resolución checa por omitir un explícito señalamiento
condenando el bloqueo. De esta manera, típica de la diplomacia
mexicana, se acepta una situación que ya es imposible de ignorar,
pero al mismo tiempo se marca una distancia respecto de Washington que
promovió enfáticamente la condena.
A pesar de que la cancillería cubana no valora la condena como
derrota y la atribuye exclusivamente a las presiones de Estados Unidos,
sobre las naciones del área, la defensa de los derechos humanos
de los ciudadanos cubanos es ya ineludible en la agenda de la comunidad
internacional.
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Artículos anteriores de Rafael Álvarez Díaz:
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Caso Stanley: la justicia como espectáculo
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La impunidad persiste
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