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En
torno a la Otra Campaña
Gilberto López
y Rivas
10 de septiembre 2005
La otra campaña
se presenta como alternativa estratégica para la re-constitución
de la nación mexicana desde la perspectiva de los oprimidos y explotados,
y a partir de una práctica política que rompa con la cultura
del caudillismo y la delegación de poderes y saberes en una clase
política profesional. Sin embargo, de la asistencia a la reunión
convocada por el EZLN con las organizaciones no gubernamentales surgen
las siguientes reflexiones con base en una preocupación central:
¿la sociedad civil y política antisistémica está
preparada para llevar a cabo la otra campaña?
Lo efectivo no
quita lo festivo. Es necesario reconsiderar si las exposiciones autorreferenciales
y sin límite de tiempo son la mejor forma de llevar a cabo un diálogo,
discusión o encuentro. No se trata de someter a nadie (mucho menos
a los jóvenes) al control de una disciplina carente de entusiasmo,
creatividad artística y formas diversas de comunicar ideas y propuestas.
No obstante, la propia experiencia zapatista durante el proceso que llevó
a la firma de los acuerdos de San Andrés muestra que mesas de trabajo
temáticas, con oradores acotados por la democracia del tiempo,
resultaron no sólo fructíferas en sus resultados, sino que
fueron formadoras de un nuevo carácter colectivo de debate que
toma en cuenta a todos los participantes y no sólo al que hace
uso o abuso de la palabra.
Dejar de verse
el ombligo. El gran reto que representa la otra campaña es
trascender lo propio, pensar en formas de articulación comunal,
regional, nacional, internacional, sectorial, en el ámbito del
territorio como espacio de luchas y resistencias, y en la profundidad
de la acción política específica de cada organización.
No es suficiente dar a conocer con profusión lo que se hace, sino
también proponer qué hacer con similares o diversas organizaciones
para desarrollar o potenciar el trabajo en común.
Ni vanguardia
ni populismo. En innumerables ocasiones el EZLN ha declarado que no
desea asumir un papel vanguardista en la lucha de liberación del
pueblo mexicano. Sin embargo, es un hecho objetivo que el neozapatismo
es la única organización nacional con la autoridad moral
y política capaz de convocar una tarea de la envergadura de la
otra campaña. Esto trae responsabilidades adicionales y por ello
es muy importante cuidar cada uno de los pasos e iniciativas que los mayas
zapatistas llevan a cabo como el factor aglutinador de este gran esfuerzo
de reconstrucción nacional. El conjunto del movimiento en su relación
con el EZLN tiene que observar esta realidad sin caer en el seguidismo
o la incondicionalidad, pero reconociendo la singularidad del compromiso
y la generosidad del zapatismo, asumiendo los riesgos y las responsabilidades
que esto implica. Con mucha frecuencia se olvida que el EZLN y sus comunidades
de apoyo sufren de la permanente agresión del Estado, sus fuerzas
represivas y de inteligencia, así como de los cuerpos paramilitares
a su disposición.
Por la liberación
nacional y por las autonomías indígenas. Una errónea
interpretación de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona
podría ser que los zapatistas con la otra campaña abandonan
la lucha por los autogobiernos y los procesos autonómicos de los
pueblos indios. Precisamente porque el EZLN está firmemente vinculado
con la causa indígena es necesario dar el salto hacia una resistencia
anticapitalista, dado que las corporaciones neoliberales son enemigas
por antonomasia de las autonomías y pretenden adueñarse
de los territorios, recursos naturales y estratégicos de los indígenas.
La consolidación de las autonomías pasa por la transformación
del país y la sociedad, y por la conformación de una fuerza
política nacional poderosa y capaz de establecer las autonomías
como parte esencial de una nueva constitucionalidad. No son los zapatistas
los "rebasados", sino quienes insisten en reducirlos dentro
de los límites del localismo, el ecologismo y el indianismo. Los
pueblos indios en sus comunidades, regiones, ciudades y espacios de migración
son actores activos de la cuestión social y nacional, protagonistas
contemporáneos de la resistencia anticapitalista por la democracia,
la justicia y el socialismo.
No es posible
dividir lo ya dividido. Quienes consideran que la otra campaña
resta fuerza a la izquierda institucional y diminuye sus posibilidades
de triunfo electoral en 2006 no toman en cuenta que ha sido el propio
Partido de la Revolución Democrática el que ha causado a
lo largo de estos años la separación de este organismo político
de la sociedad mexicana. Han sido las traiciones, los oportunismos, la
corrupción, el secuestro de sus organismos de dirección
por grupos de interés, su abandono de los principios fundacionales
lo que ha llevado descrédito y desintegración a las filas
de sus militantes y simpatizantes, muchos de los cuales han optado por
la separación o la renuncia. No son sus detractores los responsables
de su escaso o nulo posicionamiento en regiones enteras del país
y de la pérdida de influencia en otras; de la ausencia de trabajo
político en los sectores obrero, campesino, estudiantil y urbano-popular;
del reclamo de los pueblos indios por su incongruencia, falta de interés
e instrumentalismo. Si alguien ha hecho daño a la izquierda de
este país han sido quienes han denigrado la política y el
ejercicio del buen gobierno.
Se hace camino
al andar. El mayor reto de la otra campaña es reconstituir
la cultura y la práctica políticas con el propósito
de estar a la altura de las necesidades del momento histórico que
se vive, en el que es necesario definir un rumbo distinto para nuestra
patria y establecer un compromiso con base en la acción colectiva
de largo aliento. Va mi adscripción pública a la otra campaña.
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