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Los
pueblos tienen la palabra
Gilberto López
y Rivas
14 marzo 2003
Todo parece indicar
que Estados Unidos llevará a cabo unilateralmente la agresión
armada contra la nación iraquí, desatendiendo la multiplicidad
de voces, pueblos y gobiernos que se oponen a la guerra. Para la oligarquía
militar estadunidense y sus aliados locales de nada valen más de
130 millones de personas que se han expresado en favor de la paz a escala
planetaria. El autismo de los fascistas que hoy gobiernan el país
del norte es evidente: responde ciegamente a sus objetivos geopolíticos
y a sus intereses económicos, e ignora la opinión pública
interna e internacional, así como los reclamos pacifistas de sus
intelectuales más connotados, a quienes les tiene reservado un
lugar en la lista negra, como en los años del macartismo.
El gobierno de Bush,
surgido de una elección fraudulenta, tiene una visión del
mundo y una práctica política cercana a los modelos totalitarios
de Alemania e Italia de los años 30 del siglo pasado. La caracterización
del fascismo que el búlgaro Jorge Dimitrov describe como la dictadura
terrorista de los sectores más regresivos del capital financiero,
se ajusta plenamente a las circunstancias actuales de Estados Unidos y
al grupo en el poder instalado en la Casa Blanca.
Privilegiar el uso
de la fuerza fuera del mandato de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU), violar el derecho internacional y extender el concepto de
"su" seguridad nacional a todo el orbe lleva a Estados Unidos,
al igual que hizo la Alemania nazi, a impulsar guerras preventivas que
resultan en la ocupación militar de países soberanos y en
el genocidio.
El fascismo surgió,
entre otras cosas, para forzar un nuevo reparto neocolonial entre países
capitalistas. En esta línea de argumentación, tras el buscado
derrocamiento de Hussein, se instalaría un "virrey militar"
estadunidense, quien, entre otras funciones, administraría la "futura
reconstrucción" de Irak. ¿Cuántas reconstrucciones
más nos
esperan?
Bush combina hoy
decisiones militares y diplomacia muy en el estilo hitleriano: a Francia
la amenaza cual república bananera, igual que a Rusia, a Alemania
y a todos los países que se oponen a sus designios bélicos.
Sin embargo, el vocero estadunidense afirma que con el Presidente mexicano
no van a ser necesarias las presiones para que vote en favor de la guerra.
En estas condiciones
existe un riesgo igual o mayor que la tragedia que se avecina para nuestros
hermanos iraquíes y para la humanidad entera: pensar que el dominio
de Estados Unidos es una fatalidad histórica contra la cual nada
se puede hacer, daría origen a todas las justificaciones: desde
quienes venden dignidad y principios por razones pragmáticas, hasta
quienes ante la presunta inevitabilidad de la guerra
sostienen que no debe ser una empresa solitaria de Estados Unidos.
Pensar que la lucha
contra la guerra es inútil, sería como echar por la borda,
por lo menos, toda la historia del siglo xx. Es olvidar la lucha leninista
por la paz, a Gandhi y su legado de recuperación de la independencia
del pueblo indio por la vía pacífica, las luchas de Rolland
y Russell, y a todos aquellos que en las condiciones más
adversas se enfrentaron con éxito a las agresiones coloniales e
imperialistas.
Por ello, hoy es
importante enfrentar a los halcones estadunidenses y a sus aliados (los
mandatarios español, italiano e inglés), así como
denunciar a quienes están haciendo cálculos de costo-beneficio
antes de dar su voto en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Resulta incomprensible
que el presidente Fox tenga que hacer "meditación trascendental"
y "consultas" para decidir su voto cuando la alternativa está
clara: México debe votar en contra de cualquier iniciativa que
abra el camino de la guerra, reafirmando los principios de no intervención
y la solución pacífica de los conflictos.
Se trata de no ser
cómplices de la muerte -calculada en al menos un millón
200 mil niños-, de evitar que más de 60 por ciento de la
población iraquí (18 millones) carezca de agua, lo que desataría
epidemias, de no permitir que más de 3 millones de personas padezcan
desnutrición y que no sean heridas 500 mil personas, según
cálculos conservadores.
Es necesario recoger
toda la acumulación de experiencias de resistencia de los movimientos
populares contra el fascismo y el colonialismo, sin olvidar que alguna
vez los jerarcas nazis auguraron mil años de dominio, pero fueron
derrotados por los pueblos europeos y del mundo.
El camino de las
movilizaciones populares trazado el pasado 15 de febrero puede constituir
el antídoto para los planes imperialistas de Estados Unidos. Estamos
convencidos de que los pueblos, incluido el estadunidense, tendrán
la última palabra ante la barbarie de Bush.
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