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Nueve
años de
Seria imposible describir los miles de casos en que la justicia se imparte injustamente. Esto lo saben los indígenas, las mujeres y los millones de pobres en México, los deudores de la Banca, los campesinos, las familias de los masacrados en el 68, las victimas de Acteal y muy especialmente las familias de las mujeres asesinadas en esta frontera. Otra ejemplificación de la injusticia es sin duda el gran numero de pobres que llenan las cárceles, mientras que los Cabal Peniche, Salinas de Goartari y más cerquita, los policías municipales que entregaron a las 4 jóvenes ejecutados o los que robaron a un ciudadano, gozan de cabal salud. No es una, ni dos las mujeres violadas dentro de los recintos oficiales, concretamente en la cárcel y los criminales solamente son transferidos a otra plaza a pesar de haber destruido la vida de esos seres que tuvieron la desgracia de pisar esos recintos. La negligencia judicial debe ser analizada no solo internamente, sino desde afuera. Que sean las y los ciudadanos los que emitan su juicio y así pueda reconstruirse la magullada prosecución de justicia. Ricardo Medina Acosta se vanagloriaba, antes de asesinar a su esposa Maria Luisa Carsoli Berumen, de contar con influencias suficientes para eludir la justicia al ejecutar el crimen. Lamentablemente han transcurrido ya 24 días de ese abominable hecho y el culpable no ha sido detenido. Ricardo es un asesino con cara, cuerpo, domicilios y su brutal acto de barbarie al terminar con la vida de su esposa y madre de 4 hijos, no fue privado. Lo ejecutó a la luz del día y ante varios testigos y vienen infinidad de preguntas, entre ellas, ¿ el padre del criminal lo encubre porque lleva placa oficial? ¿ Lo solapan sus parientes encumbrados en el poder? ¿ Los compañeros de oficio? ¿O es la incapacidad, indiferencia y la negligencia las que permiten que este criminal eluda la justicia humana? ¿Cómo podrán las autoridades descifrar los terribles crímenes de mujeres cometidos desde 1993 a la fecha si se desconoce absolutamente todo de él o los asesinos ¿? No hay retratos, no se sabe que parientes tienen, que estudiaron, donde trabajan, de donde son, como viven, a que medio pertenecen. Las únicas pistas que dejan estos asesinos no son interpretadas por los encargados de impartir justicia, como la forma de amarrar los zapatos, las manos, la posición del cuerpo, el lugar en donde lo depositan, etc. Que sin lugar a dudas son símbolos de una mente con una inteligencia superior a la normal, La preocupación del nuevo Procurador de Justicia no debe limitarse a prohibir a sus subalternos pasar información a la prensa, sino en capacitar, entrenar y allegarse ayuda del exterior si es necesario, para impedir que la impunidad siga girando alrededor de cada acto criminal que se comete en esta frontera. Queremos que el asesino de nuestra querida compañera Maria Luisa Carsoli reciba el castigo que la Ley le imponga, exigimos poner fin a los crímenes de mujeres, queremos tener policías municipales honestos, aptos y confiables, queremos una judicial no identificada con los guaruras de Elías Ramírez de tan mala memoria, queremos que haya Paz y Justicia en esta ciudad para todas y todos. Queremos realmente que la justicia sea para todas y todos por igual.
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