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| Las mujeres y sus derechos humanos en México | ||||
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Los derechos humanos tienen que ver íntimamente con la concepción de democracia que se tiene en una sociedad. Así, en la antigua Grecia, los derechos humanos eran disfrutables por todos los "hombres libres", es decir los varones mayores de edad, con propiedades y ascendencia aristocrática ateniense. Fuera de la concepción de humanos quedaban las mujeres, los niños, los esclavos y los extranjeros. Y, por ende, no había derechos humanos para esas personas en ese tipo de democracia. Pero ahora, 2500 años después, sabemos que humanos somos todos los que pertenecemos a esta especie, sin importar edad, condición social, sexo, preferencia religiosa, sexual o ideológica, escolaridad, etcétera. Y, aunque tengamos eso muy claro a nivel teórico, faltan en la práctica las soluciones para llegar a esa democracia plena. Estamos en el camino. Avances ha habido, los cuales indican que las mejorías son posibles, pero de ninguna manera nos muestran condiciones donde se puedan vivir plenamente los derechos humanos. Todavía. Unos de los derechos más invisibilizados, pospuestos, obviados, son los de las mujeres. Se considera que si se habla de que "todos los hombres tienen las mismas capacidades, privilegios, intereses y bienes de carácter civil, político, económico, social, cultural, mental, personal e íntimo", allí estamos contemplados todos. Pues sí, pero no todas. Y no es sólo una cuestión de semántica: en la vida cotidiana se refleja la discriminación hacia las mujeres en todos los ámbitos: feminización de la pobreza, violencia doméstica, violencia sexual, tráfico de mujeres, políticas de ajuste, calidad de vida, participación política, condiciones de trabajo y empleo, derechos reproductivos, agresiones culturales y raciales contra mujeres indígenas, refugiadas, desplazadas y migrantes. La importancia de los derechos humanos reside en que su finalidad es proteger la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la integridad y el bienestar de cada persona frente a la autoridad. Están afincados en el reconocimiento de que la dignidad es algo común a todos los seres humanos (mujeres y hombres), y deben ser disfrutados sin excepción por cada integrante de la familia humana. Es necesario hablar en específico de los derechos humanos de las mujeres porque las mujeres, a lo largo de la historia, nos hemos desarrollado al mismo tiempo que los hombres, pero no en condiciones de igualdad, sino de desventaja, lo que nos violenta como seres humanos. Este hecho ha provocado una lucha permanente, continua, de las mujeres por el reconocimiento de nuestros derechos. Aunque aún no conquistamos una situación equitativa, se han comenzado a ver resultados, como la participación consciente en todos los aspectos de la vida social y política: como profesionales y funcionarias, luchadoras en movimientos sociales, en la lucha por la paz, la igualdad, la justicia y los derechos humanos. También comienzan a verse los resultados del trabajo de las mujeres en conseguir el derecho a decidir por nosotras mismas la autonomía y gobierno de nuestro cuerpo, estilos de vida, tiempos para la procreación e incluso no ver a la procreación como un destino obligado, rubros aún en vías de solución. Ahora sabemos que, como mujeres, tenemos derechos y los tenemos que hacer cumplir. Tenemos derecho al trabajo, a la educación, a la salud, a la igualdad de género, al desarrollo, a no ser víctimas de violencia, a la participación política, a un ambiente sano, a usar los medios de comunicación, a que los medios nos respeten, a elegir nuestra sexualidad y reproducción. Antes era más difícil el avance, porque no sabíamos que teníamos esos derechos y por ello no sabíamos que podíamos hacerlos cumplir. Ahora lo sabemos, lo que nos sitúa en una posición delicada: por una parte ya sabemos que los tenemos, que los debemos hacer cumplir; y por otra, nos hacemos conscientes de que el mundo no está dispuesto a dejarnos gozar de esos derechos tan fácilmente. Existen lugares a dónde acudir para ayuda legal, terapéutica y psicológica, para estudiar, recibir servicios de salud, orientación o denunciar maltrato en el hogar o en el trabajo, pero la mayoría de nosotras todavía no acudimos a buscar ayuda. En nuestra cultura se nos ha enseñado a callar, soportar, "sacar fuerzas de flaqueza", "llevar nuestra cruz". Tenemos que acabar de convencernos de que somos humanas y, como tales, tenemos todos los derechos que los demás humanos tengan. No sólo a nivel legal, en el papel, sino en relaciones equitativas, no violentas, con la familia, la pareja, los centros de trabajo y educativos, la calle, la cultura, la vida entera. |
En
nuestra biblioteca: ° Declaración
sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer
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sobre la eliminación de la violencia contra la mujer (ONU) Ligas
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