Año 13, vol. 25, abril 2002
Violencias

Editorial



El mundo es un matadero.
Susan Sontag

¿Por qué la violencia, por qué la guerra? Porque no deja de ser dolorosamente paradógico que en el momento de mayor éxito biológico de la especie (más de seis millones de personas habitan el planeta en este momento), los humanos sigan ajustando cuentas por los caminos más sangrientos. De esta manera, lo que por un lado podría intepretarse como el más alto progreso de la historia (si lo consideramos desde el punto de vista demográficocuantitativo y le agregamos e desarrollo tecnológico) por el otro se asemeja a la más cruda barbarie: al tiempo que descubrimos los más asombrosos secretos de la naturaleza (con la potencialidad de producir cantidades de alimentos nunca antes imaginadas), millones de personas están condenadas a morir de hambre por epidemias prevenibles y otras tantas enfermedades perfectamente curables. Y al mismo tiempo que se han discutido los instrumentos legales más avanzados (donde se tratan en el plano internacional los problemas de los grupos más vulnerables , y se les otorgan, sin distinción, todos los derechos a todas las personas), millones están condenados a sufrir desde la esclavitud hasta la tortura, pasando por toda clase de discriminaciones.

Pero si en elgún aspecto de la vida el progreso no tiene ninguna presencia (a menos que interpretemos como progreso la inveción de las armas que tienen la capacidad de destruir de manera definitiva al género humano) es en la manera en que los seres humanos siguen resoviendo sus diferencias: millones de personas murieron durante el siglo XX de las maneras más espantosamente violentas; millones de personas están condenadas a morir de esas maneras durante este siglo. Millones de niños crecerán en ciudades bombardeadas. Millones de mujeres con sus criaturas y sus ancianos están condenados a abandonar sus pueblos para huir de la guerra. Milllones serán asesinados. Millones pelearán. Y de esa masacre, seguirán coexistiendo los armamentos más sofisticados con las armas más elementales; pero éstas últimas no dejarán de cobrar víctimas en cifras también millonarias, porque la existencia de aviones caza no impide que la gente siga usando el machete para ajustar cuentas, para resolver sus diferencias, para elimanar al enemigo.

De todos los números que llevamos de DEBATE FEMINISTA tal vez éste sea el más difícil, el más ambiguo, el más equívoco; aunque se beneficia de las lúcidas voces de muchas cabezas que no se han dejado arrastrar por el maniqueísmo ni por la opinión masiva ni por el pánico ni por el estado de confusión generalizado, el tema de ahora no da mucho lugar al juego intelectual. No creeemos que se pueda exponer una posición única al respecto: el debate está abierto: desde la consideración de la violencia necesaria hasta el pacifismo más radical; desde la reprobación del terrorismo clásico hasta el pavor que nos dá el terrorismo de estado; desde el asesinato selectivo hasta el asesinato serial, nos propusimos plentear la forma en que los feminismos pueden abordar el abuso, la crueldad, la injusticiaflagrante de las violencias.

En el primer bloque, Bolívar Echeverría cuestiona la constitución de un estado que abandonó todas las funciones que le eran propias cuando se pretendía social, interventor y benefactor, pero conservó la de ejercer la "violencia legítima"; por su parte, a partir del descalabro que representa el 11 de septiembre en nuestro panorama, Mabel Piccini reflexiona "en voz alta" sobre ciertos desgarramientos existenciales.

En el segundo bloque presentamos fragmentos de un libro de Virginia Woolf, escrito en el ambiente que precedió a la segunda guerra mundial, donde explica con brillantez la relación entre su feminismo y su pacifismo. En esa misma dirección, pero con un método completamente distinto, Joshua S. Goldstein expone los resultados de una enorme investigación donde se encuentran coincidencias asombrosas entre la manera en que está constituida la masculinidad y lo que el domina "el sistema de la guerra". Hortensia Moreno reseña los hallazgos de Goldstein y (en otra sección) Marta Lamas pone en contexto las ideas de Woolf.

Frente al dolor por el atentado que mata a su hija de catorce años, una madre israelí increpa al gobierno de Israel, en vez de dejarse llevar por el odio hacia los palestinos. Su testimonio es la confirmación in extremis del fenómeno de una ciudadanía que acepta la convivencia entre los israelíes y palestinos, al margen de que los gobiernos decidan.

Siguiendo con la guerra, y llevándola al día de hoy, en el bloque "miradas feministas sobre el 11 de septiembre" reunimos textos que fueron escritos por intelectuales de primer nivel al calor del incendio de las torres gemelas: Susan Sontag, Linda Gordon, Jean Franco, Barbara Lee, Rossana Rossanda, Rosalind P. Petchesky, Giséle Halimi, Barbara Kingsolver y Arundathi Roy nos dejan ver la minoría de la opinión pública estadounidense que tuvo clarivedencia suficiente para nod ejarse arrastrar por la histeria nacionalista (y sufrió las repercusiones de su rebeldía, como queda relatado por Susan Sontag en la entrevista que le hizo David Talbot), así como otras posiciones foráneas con una perspectiva diferente. En conjunto representan una protesta en contra del terrorismo, pero también en contra de la guerra.

En esta entrega, Mónica Moansour hizo una selección de poestas que abordan distintos tipos de violencia; la diferencia que nuestra compiladora encuentra entre estos poemas es que no glorifican la violencia, como los himnos de guerra, ni siguiera cuando son las propias poetas las que la ejercen.

En la búsqueda de materiales feministas que exploraran el tema de la violencia encontramos el libro Critique of Violence de Beatrice Hanssen. De esta sofisticada teórica, especialista en Walter Benjamin, tradujimos el capítulo que trataba más centralmente el vínculo de la violencia y la reflexión feminista, a partir del análisis literario de la novela La maestra de piano (llevada al cine como La pianista).

De esta reflexión, pasamos a lo colectivo y lo nacional. ¿Cómo no hablar de horror de los asesinatos de mujeres jóvenes, trabajadoras en la maquila de Ciudad Juárez? Julia Monárrez Fragoso documenta el caso y analiza sus implicaciones.

Como una bocanada de aire fresco el texto de la psicoanalista Marta Gerez Ambertín incursiona en el terreno pasional de la infidelidad y el adulterio. Por su lado, Norma Klahn nos regala una mirada lúcida sobre las escrituras del yo en cuatro escritoras chicanas, y analiza como ellas sitúan la identidad en relación con el espacio.

En su breve recuento de un viaje a Estados Unidos, Eugenia Corvera Poiré nos describe un miedo paranoico del que seguramente muchas no estamos a salvo, Por su parte Raquel Gutiérrez Aguilar levanta una voz de protesta ante el asesinato aún irresuelto de Digna Ochoa.

En entrevista con Carlos Gaviria, Fernando Savater explica su ideal del abandono de las armas (y, por tanto, de la violencia) por parte de los particulares. Desde su punto de vista, es necesario renunciar a que todos los conflictos sean militarizados. La lectura de este texto resulta de lo más sugestiva, sobretodo si la contrapunteamos con el texto de bolivar Echeverría.

Cerramos este número, como siempre, con nuestra sección de lecturas, esta vez contamos con colaboraciones de José Antonio Martínez Hernández y de María Adela Hernández Reyes. Y con el arguende nuestro de todos los debates, donde Jesusa Rodríguez nos brinda una breve presentación del Diccionario de las malas palabras de Rius y Liliana Felipe nos entrega otra de sus incisivas canciones.

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Hortensia Moreno