Heridas,
muertes y duelos
Editorial
![]()
Aunque la escritura y la creación en general siempre parten de la
intención de dar a conocer nuestras ideas, nuestros sentimientos
o intereses, de compartirlos con quienes los leen, escuchan
o miran, en el caso de las heridas, las muertes y los duelos el deseo de
poner en palabras o imágenes lo vivido/lo desaparecido se entreteje
con
la necesidad de revisar —tal vez más de una vez, seguramente
una y
otra vez— el golpe que la muerte asestó a nuestra vida.
Después de vivir la muerte de un ser
querido, o de vivir muchos
años marcada por el temor a la muerte, después de sobrevivir
a la destrucción
sistemática de 6 millones de personas o haber crecido huérfano
de padres asesinados por el estado argentino, queda la expresión:
la recreación
como una manera de entender y entendernos, o por lo menos
como la búsqueda de comprensión, en algunos casos, de aceptación.
Trabajar, atravesar, elaborar un duelo son
expresiones que forman
parte del lenguaje ordinario, a partir del trabajo de Freud, y sin embargo
el duelo mismo es algo que en nuestra época no sabemos muy bien
cómo manejar. ¿Qué expresiones de duelo son “aceptables”?,
¿cuánto tiempo
es el tiempo “normal” de duración para un duelo?, ¿existen
un duelo
sano y uno patológico?, ¿se llega realmente a la terminación
de un duelo?
Seguramente que para la elaboración
del duelo (para sobrevivir a la
muerte que nos deja descolocados, mutilados, sin techo que nos cubra ni
suelo sobre el que pisar) sirve de ayuda la puesta en relato de la vida
de
quien falleció; para aliviar por muy levemente que sea las heridas
sirve
de ayuda volver a ellas, contemplarlas, verlas cicatrizar y quedarse con
las cicatrices que ineluctablemente formarán parte de uno para siempre.
En la sección que abre este número
de DEBATE FEMINISTA hemos
reunido cuatro artículos que tocan la muerte desde lo individual
y desde
lo socio-político. Luis Miguel Aguilar aborda lo inrelatable: la
muerte
de su hijo pequeño. Desde el “lugar herido”, desde la
conciencia de
que esa falta lo acompañará toda la vida, Aguilar escribe
de una manera
tan honesta y conmovedora que no queda más que agradecerle compartir
su dolor con tantos lectores anónimos.
Carmen Boullosa retoma un tema que atraviesa
gran parte de su
obra literaria: el temor a la muerte, que la lleva a huir constantemente
de
la adultez, el compromiso, la estabilidad. “Mis cadáveres”
hace un recuento
de todos los momentos en que la muerte tocó a su vida, momentos
que se entretejen con aquellos en los que cobró conciencia de su
cuerpo como separado, deseante, capaz de gozar.
Ana María Amado realiza una lúcida
lectura de las recreaciones
que llevan a cabo los familiares de las víctimas de la dictadura
argentina
y las inscribe dentro del ámbito político: el reclamo de los
hijos que ya
adultos reconstruyen las vidas y las elecciones de sus padres, los padres
que reviven la muerte de los hijos, la violencia homicida y la orfandad
universal.
Jean Améry, quien estuvo internado
en varios campos de concentración,
entre ellos Auschwitz, explora y comparte —aunque sin esperar
simpatía— las razones que le impiden olvidar, su negativa a
perdonar,
su reclamo a la nación alemana para que no borre de su memoria el
periodo nazi de su historia. En este caso se trata de heridas que nunca
cicatrizaron, por más que Améry, a través de su escritura,
intentó, en
palabras de Primo Levi, “superar lo insuperable”.
Cuatro artículos más de este
número tocan la temática de la primera
sección. En desde el recuerdo, Araceli Colin ofrece un homenaje a
la
antropóloga Noemí Quezada, a la vez que reflexiona sobre la
muerte y
el duelo como objetos de estudio, por un lado, y como vivencias personales,
por otro. Susan Sontag, en desde la disidencia, alude al carácter
innecesario, amoral e injusto de las circunstancias del conflicto palestinoisraelí;
desde las puntualizaciones semánticas y políticas que viene
realizando
a partir del 11 de septiembre de 2001, Sontag expresa su respeto
a los soldados israelíes que rechazan servir para dominar y humillar
al
pueblo palestino. En desde Argentina, Raquel Robles complementa en
ciertos aspectos el artículo de Ana María Amado, con una reflexión
sobre el esperado fin de la impunidad y la posibilidad de retomar los
sueños de los padres asesinados así como los sueños
propios. El psicoanalista
inglés Adam Phillips, en desde el diván, nos deja ver cómo
la
rabia —uno de los estados/estallidos que caracterizan al duelo y también
al enfrentamiento ante el sinsentido y la inutilidad del exterminio
masivo de seres humanos— es resultado de la frustración de
nuestros
ideales, de un mundo ideal que al parecer sólo existe en nuestra
imaginación.
Mientras que con estos artículos se
apuntala el cuerpo central de
este número, a partir de un intercambio de miradas con la comandante
Esther, Teresa Carbó realiza un apasionante análisis del discurso
que la
comandante zapatista pronunció en el Congreso en 2001. Su presencia
y
sus palabras, las que nos dieron a muchas de nosotras una entrañable
sorpresa, son sopesadas en todos sus aspectos en desde esta tribuna.
El escritor estadounidense Phillip Lopate
escribe amorosa e irónicamente
sobre sí mismo: la apariencia de su cuerpo, sus posibilidades
reales y las soñadas, su historia, las partes preferidas y las que
le causan
molestias; elabora, así, un retrato de sí mismo al escribir
un retrato
de su cuerpo.
Mónica Mansour nos presenta cuatro
poemas de cuatro poetas
negras del continente americano que tocan el tema de la negritud
imbricado con el del ser mujer en un mundo en el que pareciera que
esas dos condiciones implicaran, como expresa June Jordan, que se
nació y se vive “equivocada”.
La sección desde la mirada nos ofrece
las fotografías de Lorena
Alcaraz, “política en imágenes”: cuerpo, manos
y barro ilustran los conceptos
y vivencias centrales de la equidad, la participación, la diversidad
y la libertad.
En la sección de políticas
públicas, dos especialistas en el tema de la
perspectiva de género, Judith Astelarra y Francisco Cos-Montiel,
nos ofrecen
elementos valiosos para ir haciendo una evaluación de experiencias.
Astelarra revisa las formas en que los institutos de la mujer han aplicado
las políticas de igualdad de oportunidades y sus resultados en España.
Especialmente interesantes son los hallazgos que muestran cambios de
actitudes, aunque queda la duda de si dichas transformaciones se deben
principalmente a la labor de las instancias que se encargan de políticas
dirigidas a terminar con la discriminación en contra de las mujeres.
Por
su parte, Cos-Montiel analiza, mostrando su pertinente aparato teórico,
la
gestión del Instituto Nacional de las Mujeres en México, y
concluye que,
por lo menos hasta ahora, más que género, tela o nuevos ropajes,
lo que
hay son sobre todo discursos y proclamas. Y aunque la sección está
dedicada
únicamente a analizar las instancias que en España y México
se
ocupan de la transversalización del género, le sumamos unos
comentarios
agudos de Haydée Birgin, nuestra compañera argentina.
En desde Nicaragua, María López
Vigil nos ofrece un panorama a la
vez desolador y esperanzado de este país centroamericano como marco
para la historia de Rosa, la niña nicaragüense que, violada
en Costa
Rica, finalmente pudo someterse a un aborto terapéutico en su país.
Las múltiples vicisitudes que rodearon el caso, y la rápida
y humanitaria
intervención de las feministas nicas son recordatorio del trecho
todavía
largo que hay que recorrer para que sea respetada la voluntad de las
mujeres y niñas en materia de sexualidad y reproducción. Hacemos
un
llamado desde estas páginas a quienes tengan conocimiento de casos
similares, para que nos hagan llegar la información. Es imprescindible
ir documentando estas lamentables experiencias.
Ante la reciente declaración vaticana
en contra de las uniones de
personas homosexuales, María Teresa Priego y Román Revueltas
escribieron
sendos artículos periodísticos que reproducimos con gusto.
Las
arcaicas posturas de la jerarquía de la iglesia católica,
que prohíben las
relaciones erótico-amorosas entre dos personas del mismo sexo, fomentan
la homofobia.
Lecturas presenta esta vez cinco libros fundamentales.
En primer
lugar, Gabriela Cano comenta el Diccionario de cultura homosexual, gay y
lésbica de Alberto Mira cuyo objetivo, a decir de Cano, es informar
sobre
obras, creadores y públicos gays. Enseguida Teresa Valdés
presenta Género,
propiedad y empoderamiento de Magdalena León y Carmen Diana
Deere, obra que recoge información de doce países de América
Latina
sobre el tema de la tenencia de la tierra y el acceso a ella. Rosío
Cordova
hace una lectura plena de sabiduría y humor de La prostitución
y su
represión en la ciudad de México (siglo XIX) de Fernanda Núñez.
“Para
ubicar el género” es la reseña de Matthew Gutmann sobre
Gender’s Place:
Feminist Anthropologies of Latin America que incluye los trabajos de
estudiosas estadounidenses y latinoamericanas. Para finalizar incluimos
las cuatro presentaciones del libro compilado por Eli Bartra, Debates
en torno a una metodología feminista, obra central para quienes están
interesadas en la investigación feminista.
Como siempre, cerramos con la sección
argüende. El espectáculo
de cabaret político que Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe
han venido
impulsando a lo largo de varios años, realiza esta vez un viaje al
pasado
y retoma una parte de la historia patria para criticar el presente. También
incluimos la inefable canción de Liliana: hay que oírla.
Cecilia Olivares