EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.
Febrero del 2000
.A LA PRENSA NACIONAL E INTERNACIONAL:
Damas y caballeros:
Van cartas varias que no se explican por sí solas y que no pienso explicar aquí.
Cada que Zedillo viene a Chiapas, el ejército aumenta los patrullajes aéreos y terrestres. Es lógico porque ese señor no es ni será bienvenido a estas tierras. El día 20 de febrero, disfrutamos de un intenso ir y venir de aviones, helicópteros, tanques, camiones y tropas en todo lo que el gris ballenato Rabasa llama "la zona de conflicto". Pensamos que se trataba de otra de las visitas conyugales de Zedillo al Croquetas, pero no. Lo que pasó es que ese día fue Labastida y no Zedillo quien llegó a repetir los grises que lo caracterizan.
Una duda: la movilización de los federales, ¿es porque ya consideran a Labastida como su "jefe supremo"?, ¿es porque Labastida es el candidato oficial?, ¿o es porque los militares no hallaban dónde esconderse para no oír los discursos de una campaña que va como los aviones de la Fuerza Aérea Mexicana sobre las comunidades indígenas, es decir, al ras del suelo?.
Vale. Salud y que siempre viva la bandera donde el águila devora a la serpiente neoliberal (por si se les había olvidado, el 24 de febrero es día de la bandera. De nada).
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Febrero del 2000.
EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.
Carta 6.b.
21 de Febrero del 2000.
A Don Fernando Benítez.
De: Subcomandante Insurgente Marcos.
"Zapata".
Guión cinematográfico de José Revueltas.
Don Fernando:
Con un amargo dolor supimos de su fallecimiento. Hace apenas unos días le había yo escrito una carta para felicitarlo por su cumpleaños. Apenas avanzaba enero y la Mar me llamó la atención sobre la nota en el periódico donde lo felicitaban a usted por su cumpleaños y, juntos, recordamos la carta aquella de su pasado aniversario. En ésta que ahora le escribo pudiera reiterar lo que sus más cercanos (y no tan cercanos) ya le debieron haber dicho, pero no le agotó la vista en cosas que usted sabía y conocía. Originalmente pensadas para felicitarlo, estas líneas son ahora también para desearle buen viaje.
Acaso me atreva a recordar, a recordarle, que mis padres nos enseñaron a leer (no hablo de alfabetizar, sino de leer) con aquel "siempre!" de Don José Pagés Llergo, y, en concreto, con aquel suplemento que usted dirigió y que se llamó "La Cultura en México". Ahí aprendimos a leer a la Poniatowska, al José Emilio Pacheco, al filoso Monsiváis, y a muchos otros. Ahí aprendimos. Después, años más adelante, encontramos sus páginas de "Los Indios en México", y su paso por otros suplementos culturales. Yo no sé si es tiempo aún, pero yo quería decirle "gracias" por habernos enseñado a leer. ¿Se propuso usted alguna vez enseñar a leer a alguien? Bueno, pues así pasa, que a veces uno hace cosas sin proponérselo.
Don Fernando, nosotros quisiéramos regalarle algo, algo simple pero muy nuestro. No tenemos nosotros muchas cosas. Don Fernando. De hecho, es muy poco lo que tenemos. Lo único que poseemos en abundancia es memoria, y con ella le mandamos este regalo que tiene la virtud de que no ocupará mucho espacio en su equipaje y le servirá para reírse de eso que algunos llaman "muerte".
Para traerlo a usted cerca nuestro, llega este relato con el que también tratamos de recordar a quienes hoy no están con nosotros, pero que estuvieron antes e hicieron posible que hoy estemos nosotros. Con ello, Don Fernando, es ahora también usted nuestro. Sale y vale:
ESE DÍA...
A Pedro, 6 años después, 26 años después.
Me acuerdo de ese día. El sol no caminaba derecho, sino que se iba de lado. Quiero decir, sí se iba de acá para allá pero iba como de lado, así nomás, sin encaramarse en eso que no me acuerdo ahorita cómo se llama pero una vez el sup nos dijo. Estaba como frío el sol. Bueno, ese día todo estaba frío. Bueno, no todo. Nosotros estábamos calientes. Como que la sangre o lo que sea que tenemos dentro del cuerpo, estaba con calentura. No me acuerdo cómo es que dijo el sup: "el cenit" o algo así, o sea que es cuando el sol se llega hasta lo más alto. Pero ese día no. Más bien como que se iba ladeando. Nosotros igual avanzábamos. Yo ya estaba muerto, acostado panza arriba y vi bien que el sol no se estaba caminando derecho sino que se estaba andando de lado. Ese día ya estábamos muertos todos como quiera avanzábamos. Por eso el sup escribió eso de "somos los muertos de siempre, muriendo otra vez, pero ahora para vivir". ¿Cuándo mero nos morimos todos? Pos' la verdad no me acuerdo, pero ese día en que el sol se caminaba de ladito ya todos estábamos muertos. Todos y todas, porque también iban mujeres. Creo que por eso no nos tiene miedo de morirse porque de por sí ya está muerto. Ese día en la mañana era un corredero de gente. No sé si porque empezó la guerra o porque vieron tanto muerto avanzando, caminando como siempre, sin rostro, sin nombre. Bueno, primero corría la gente, luego ya no corría. Ya luego se detenía y se acercaba para oír lo que decíamos ¡Qué ocurrencias! Viera que yo estuviera vivo, ¡De tarugo me iba a acercar a oír lo que dijera un muerto!. Como que pensaría que los muertos no tienen nada que decir. Están muertos pues. Como que su trabajo de los muertos es andar espantando y no hablando. Yo me acuerdo que en mi tierra se decía que los muertos caminan todavía, es porque tienen algún pendiente y por eso no se están quietos. En mi tierra así se decía. Creo que mi tierra se llama Michoacán, pero no muy me acuerdo. Tampoco me acuerdo bien, pero creo que me llamo Pedro o Manuel o no sé, creo que de por sí no importa cómo se llama un muerto porque ya está muerto. Tal vez cuando uno está vivo pues sí importa cómo se llama uno, pero ya muerto pa' qué.
Bueno, el caso es que la gente ésta, después de su corredera, se iba acercando a ver qué le decíamos todos los muertos que éramos. Y entonces pues a hablar, así como de por sí hablamos los muertos, o sea como platicadito, así, sin mucha bulla, como si uno estuviera platicándole algo a alguien y no estuviera uno muerto sino vivo. No, tampoco me acuerdo que palabra hablamos. Bueno, un poco si. Algo tenía que ver con eso de que estábamos muertos y en guerra.
En la madrugada habíamos tomado la ciudad. A mediodía ya estábamos preparando todo para ir por otra. Yo ya estaba acostado al mediodía, pero eso vi clarito que el sol no se andaba derecho y vi que hacía frío. Vi pero no sentí, porque los muertos no sienten pero si ven. Vi que hacía frío porque el sol estaba como apagado. Muy pálido, como si tuviera frío. Todos andaban de un lado pa' Otro. Yo no, yo me quedé acostado panza arriba, viendo el sol y tratando de acordarme cómo es que dijo el sup que se dice cuando el sol queda mero arriba, cuando ya acabó de subir y empieza a dejarse caer de aquel lado. Como que entra su pena del sol y va y se esconde detrás de esa loma. Ya cuando el sol se fue a esconder no me di cuenta. Así como estaba yo no podía voltear la cabeza, sólo podía mirar mero para arriba y, sin voltear, lo poco que alcanzara para uno y otro lado. Por eso vi que el sol no se iba derecho, sino que se iba de lado, como con pena, como con miedo de encaramarse en eso que ahorita no me acuerdo cómo dijo que se decía el sup, pero tal vez al rato me acuerdo.
Yo me acordé ahorita porque se rajó un poco la piedra y se hizo una rendija así como una herida de cuchillo, y entonces pude ver el cielo y el sol caminándose otra vez de lado como aquel día. Otra cosa no se puede ver. Acostado como estoy, apenas si alcanzo el cielo. No hay muchas nubes y el sol está como pálido, o sea que está haciendo frío. Y entonces me acordé de aquel día cuando los muertos que somos empezamos esta guerra para hablar. Si, para hablar. ¿Para qué otra cosa harían una guerra los muertos?.
Les decía que por esta rendija se alcanza a ver el cielo. Por ahí pasan helicópteros y aviones. Vienen y se van, diario, a veces hasta de noche. Ellos no lo saben pero yo los veo, los veo y los vigilo. También me río. Si, porque al final de cuentas, esos aviones y helicópteros vienen acá porque nos tienen miedo. Si, ya sé que de por sí los muertos dan miedo, pero esos aviones y helicópteros lo que tienen miedo es de que los muertos que somos nos echemos a caminar de nuevo. Y yo no sé para qué tanta bulla, si de por sí nada podrán hacer porque ya estamos muertos. Ni modo que nos maten. Tal vez es porque quieren darse cuenta y avisar con tiempo al que los manda. No sé. Pero si sé que el miedo se huele y el olor del miedo del poderoso es así como de máquina, como de gasolina y aceite y metal y pólvora y ruido y... y... y de miedo. Sí, el miedo huele a miedo, y a miedo huelen esos aviones y esos helicópteros. A miedo huele el aire que viene de arriba. El de abajo no. El aire de abajo huele bonito, como a que las cosas cambian, como que todo se mejora y se hace más bueno. A esperanza, a eso huele el aire de abajo. Nosotros somos de abajo. Nosotros y muchos como nosotros. Si, ahí está la cuestión pues: en este país los muertos huelen a esperanza.
Todo eso veo por la rendija y todo eso escucho. Pienso, y mis vecinos están de acuerdo (lo sé porque ellos me lo han dicho), que no está bien que el sol se camine de lado y que hay que enderezarlo. Porque eso de que se camine así de lado, todo pálido y friolento pues no. Como que su trabajo del sol es dar calor, no tener frío.
Y si me apuran, pues hasta le hago al analista político. Mire usted, yo digo que el problema de este país es que puras contradicciones tiene. Ahí está pues que carga un sol frío, y la gente viva ve y deja hacer como si estuviera muerta, y el criminal es juez, y la víctima está en la cárcel, y el mentiroso es gobierno, y la verdad es perseguida como enfermedad, y los estudiantes están encerrados y los ladrones están sueltos, y el ignorante imparte cátedras, y el sabio es ignorado, y el ocioso tiene riquezas, y el que trabaja nada tiene, y el menos manda, y los más obedecen, y el que tiene mucho tiene más, y el que tiene poco tiene nada, y se premia al malo, y se castiga al bueno.
Y no sólo, además aquí, los muertos hablan y caminan y se dan en sus cosas raras, como eso de tratar de enderezar a un sol que tiene frío y, mírelo nomás, se anda de lado, sin llegar a ese punto que no me acuerdo cómo se llama pero el sup nos dijo una vez. Yo creo que un día me voy a acordar.
-*-
Bueno, Don Fernando, pues que los cumpla muy felices y muchos más. Reciba un abrazo de todas y todos nosotros, y uno especial de este anónimo discípulo de la ventana que usted fue y es en la cultura en México. Que le vaya bien y no se olvide de nosotros. Siempre habrá para usted una rendija en nuestra memoria.
Vale. Salud y un día las cosas andarán derechas, seguro las enderezan los muertos.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Febrero del 2000.
EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL. MÉXICO. Carta 6.c Febrero del 2000. A: Don Pablo González Casanova De: Subcomandante Insurgente Marcos.
"Yo, que tengo una juventud llena de voces,
José Revueltas. Canto Irrevocable.
de relámpagos, de arterias vivas,
que acostado en mis músculos, atento a cómo corre
y llora mi sangre,
a cómo se agolpan mis angustias
como mares amargos
o como espesas losas de desvelo,
oigo que se juntan todos los gritos
cual un bosque de estrechos corazones apretados;
oigo lo que decimos todavía hoy,
todo lo que diremos aún,
de punta sobre nuestros graves latidos,
por boca de los árboles, por boca de la tierra."
Don Pablo:
Todos y todas lo saludamos. No sólo por su valiente actitud de días recientes, pero también por ella. La firme distancia que usted ha marcado frente a la actitud violenta y autoritaria de quienes están al frente del gobierno y de la UNAM vale mucho, sobre todo en estos tiempos en los que la congruencia es un sarcasmo y la dignidad un malentendido.
Sepa usted que nos llena de orgullo el haber estado cerca suyo. Su hoy no es más que la confirmación de lo que ha sido su vida. Aún antes del tiempo en que se desempeñó como miembro de la comisión Nacional de Intermediación, sus palabras nos ayudaron a entender este dolor que llamamos "México". Ya en la CONAI, al lado de esos grandes hombres y mujeres que la formaban, su compromiso en la búsqueda de una solución pacífica, justa y digna a la guerra era firme y de tiempo completo. Por ahí he leído que el exsecretario de gobernación y hoy candidato oficial a la presidencia, Francisco Labastida Ochoa, se quejó de que la CONAI estaba "cargada" a uno de los lados. Si los "lados" eran la guerra y la paz, es obvio que quienes formaron la CONAI estaban "cargados" al lado de la paz. Tanto el Obispo Samuel Ruíz García, como doña Concepción Calvillo Viuda de Nava, los poetas Oscar Oliva y Juan Bañuelos, y usted, se afanaron por lograr la paz en el sureste mexicano de la única forma en que es posible lograrla: con respeto, con justicia, con dignidad, con verdad. Es claro que el señor Labastida habrá de enfrentarse a muchos mexicanos que, como usted, están "cargados" hacia el lado de las soluciones pacíficas y en contra del uso de la violencia.
Su explícita y contundente condena al uso de la violencia para enfrentar las demandas del movimiento estudiantil de la UNAM, no es más que la consecuencia lógica de quien es lo que es de tiempo completo. Estamos seguros de que su ejemplo será seguido por otros y otras intelectuales que, con sus propios modos y formas, le harán saber al que usa la violencia como argumento de gobierno que no lo hará impunemente; y a los estudiantes que hoy se encuentran en la cárcel o perseguidos, que quien sufre una injusticia ya no está solo. Unos y otros habrá de escuchar las voces y los pasos que, "por boca de los árboles, por boca de la tierra", decimos y diremos: libertad y diálogo.
Hoy en día, a pesar de los medios electrónicos de comunicación, una ola de indignación popular se levanta para exigir la libertad de los universitarios prisioneros y la reanudación del diálogo. Encabezado por los valientes padres de familia, este movimiento incorpora a lo mejor de las organizaciones sociales, de los partidos políticos de izquierda, de artistas e intelectuales, de religiosos y religiosas, de gente, de universitarios. Su objetivo común, lo que los une, es la exigencia de justicia. Y ésta, la justicia, no puede verse cumplida mientras uno solo de los universitarios permanezca tras las rejas. Lo mejor de la izquierda partidaria no sólo lo ha entendido a cabalidad, sino que es uno de los principales impulsores.
A contracorriente de este sentimiento que se traduce en movilización, los medios electrónicos de comunicación se engolosinan con los recursos que les destinan los partidos políticos para publicidad de las campañas, y creen que tienen la autoridad moral la legitimidad para convertirse, simultáneamente, en fiscal, juez, jurado y verdugo de todo aquello que no tenga tiempo pagado en su programación. Usted lo padeció en carne propia, Don pablo, y lo padecen en oídos y vista propios millones de mexicanos. En el portal del siglo XXI, la televisión aplaude la doble imagen del México "democrático" actual: una universidad llena de militares y una cárcel llena de estudiantes (la intensidad de la vida democrática de un país se mide por la cantidad de spots publicitarios, no por el número de presos políticos). En el país de la televisión, la Carta Magna no es la Constitución, sino la cartelera de programación (que facturen la cacofonía en horario triple A) y no hay consejeros del IFE más efectivos que las direcciones de noticieros.
Como quiera, fuera del horario de telenovelas, la gente (ésa que no cuenta si no tiene un asesor de publicidad y otro de mercadotecnia) se movió para protestar, así como usted Don Pablo, contra la represión. Según pudimos leer en la prensa escrita, la marcha del 9 de febrero pasado fue la más grande de los últimos tiempos. El clamor era uno: libertad para los presos políticos. Hace 6 años, en 1994 y un 12 de enero, hubo una gran movilización similar. Como hoy lo es con motivo del movimiento universitario y ayer lo fue con el alzamiento zapatista, la gente toma las calles para hacerse oír.
Entonces, en aquel enero de sangre y pólvora, nosotros tuvimos que decidir cómo debíamos "leer" esa gran movilización. Pudimos haberla "leído" como una manifestación en apoyo a nuestra guerra, como un aval al camino de lucha armada que habíamos elegido; o pudimos haberla leído como una movilización que apoyaba no nuestro método (la guerra), pero sí nuestras demandas, y que se manifestaba contra la represión gubernamental.
Nosotros estábamos aislados, replegándonos a las montañas, cargando a nuestros muertos y heridos, preparando el combate siguiente. Así, lejos, muy lejos, y en esas condiciones, tuvimos que escoger. Y escogimos "leer" que esa gente que salió a las calles estaba contra la injusticia, contra el autoritarismo, contra el racismo, contra la guerra, que estaba por el diálogo, por la paz, por la justicia, por la solución pacífica de nuestras demandas. Eso leímos y eso marcó nuestro andar posterior.
Hoy el movimiento estudiantil universitario (y el CGH) enfrentan una situación parecida. Quienes lo forman pueden "leer" la movilización del 9 de febrero como una manifestación de apoyo a la huelga, o como una exigencia de justicia (liberando a los presos) y de diálogo. No es lo mismo.
Con la "lectura" que escoja, el movimiento estudiantil universitario habrá de decidir sus pasos siguientes. Escogerán y lo harán bien. No están aislados y tienen la inteligencia y los recursos para lograr una lectura correcta.
¿Nosotros? Como siempre Don Pablo: a todos y todas los y las que forman el movimiento estudiantil universitario, a sus padres y madres, a sus maestros, a quienes los apoyan y están cerca de ellos, los queremos, los admiramos, van a ganar.
Por todo esto es que hoy, Don Pablo, lo saludamos a usted. A usted y a todos y todas los que, como usted, han manifestado su repudio a la entrada de los militares disfrazados de policías ("paramilitares" en sentido estricto) al campus universitario.
Sabemos que su voz y su paso también se unirán a los de todos los que demandamos lo que es urgente y necesario: la liberación de todos los universitarios presos.
Vale. Salud y que nunca renunciemos a la esperanza.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Febrero del 2000.
P.D.- Por ahí leí que los estudiantes presos están pidiendo que les manden libros. Mándeles ése que se llama "La Democracia en México". Vale tanto hoy como ayer y es de esos libros que producen dolores fértiles.
EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL MÉXICO. Carta 6 d
Febrero del 2000.
A: René Villanueva.
De: Subcomadante Insurgente Marcos.
René, hermano:
Por acá nos hemos enterado de que estás enfermo. En estas tierra, cuando uno tiene un pariente (porque vos sos pariente de todos nosotros, los zapatistas) que está enfermo, es costumbre que uno le endilgue todos los remedios posibles (y los imposibles también) para que se cure. Como el estar enfermo es algo común y frecuente en estas montañas, por todos lados van y vienen recetas que abundan en jarabes, té, pociones, pastillas, vapores y, ¡horror!, inyecciones (Lucha, hermana mayor de todos nosotros, incurre en un variado y efectivo repertorio medicinal que pondría a temblar a los monopolios farmaceúticos -de nada,- Lucha, pero no olvides mocharte cuando patentes todo eso).
Como vos sos nuestro hermano, no podemos darte cualquier cosa. Mucho menos si esa "cosa" es una inyección, ese sofisticado instrumento de tortura que, a pesar de que estamos por entrar al tercer milenio, no ha sido prohibido, por ninguna organización mundial de lo que sea. Acá, por ejemplo, el Olivio ha propuesto que una consigna para la marcha de mujeres zapatistas el próximo 8 de marzo sea "¡Chocolates sí, Inyecciones no!". Yo le dije que no rimaba, y él me contestó que de por sí las inyecciones no riman con nada y, en cambio, "chocolates" rima con "juguetes" (se va el Olivio a tratar de convencer a la Mar para que ponga su consigna en la marcha de las zapatistas).
No señor, no te podemos dar inyecciones. Claro que tampoco chocolates. No sólo porque el Olivio ya se los zampó, también porque seguro llegan hechos atole. Así que hemos consultado en nuestro libro especial de medicina que se llama "Remedios y Recuartos", y encontramos algo que, aunque no te cure, es seguro que no te va a poner peor (lo que, en estos tiempos de "medicina moderna", es ya una ventaja): ¡un abrazo!. El abrazo te lo mandamos todos y todas. Se puede aplicar a discreción, pero no abuses porque puede provocar adicción, y abrazos como el que te mandamos hay muy pocos.
Sale pues. No te hagas pato, tómate la medicina sin hacer caras y ya cúrate, porque tu ausencia y la de Beatriz en el "Correo Ilustrado" han provocado que el "rating" de esa sección esté por los suelos (me cai, ya hice una encuesta muuuuuy científica).
Vale. Salud y no olvides que los abrazos deben ser como las miradas: amplios y limpios.
Desde las Montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Febrero del 2000.