
Los problemas de la ciudad están vinculados estrechamente a su proceso de urbanización de 1940 a la fecha; este proceso a su vez ha estado relacionado con el desarrollo de la economía nacional. Su difícil solución en el presente y el futuro cercano (por haberse generado a lo largo de mucho tiempo y por el hecho de que su propia dinámica ha rebasado los programas establecidos para su corrección), sólo significa que debe de ser un motivo de preocupación que exige el replanteamiento de acciones más oportunas para mejorar la vida de los capitalinos.
Entre los problemas más importantes de la capital del país están los siguientes:
El asunto aun así no resulta nada fácil, pues por las mismas condiciones del país entero muchos de los problemas que sufre la ciudad de México son hoy prácticamente irresolubles, en virtud de la incapacidad para lograr un mejor ordenamiento de los recursos nacionales. Sería indispensable, de hecho, una verdadera macropolítica de redistribución de todos los recursos que hoy concentra la capital en solamente el uno por ciento del territorio; pero esto no estamos ni lejos de alcanzarlo, tanto por la crisis que impide el flujo de finanzas suficientes para avanzar en planes más definidos, como por el mismo subdesarrollo que obliga una y otra vez a continuar caminos siempre ineficaces.
Así, todas las medidas anticontaminantes, policiacas contra la inseguridad, de mejoramiento vial, etc., que se establecieran para la ciudad de México por cualquier gobierno -del signo que fuera-, serían durante mucho tiempo prácticamente insuficientes, en razón del principal problema: la alta concentración poblacional que resulta inevitable mientras la capital continúe siendo centro económico, comercial, financiero y aun político del país, y mientras la solución de los asuntos se deje en manos tan sólo de instancias gubernamentales y no de la misma población, participante en la organización de sus recursos y comprometida en sus acciones.
Esto ha sido dicho en decenas de ocasiones y por ello cualquier opción política que aspire en serio a gobernar a la ciudad deberá contemplarlo en forma primordial en su programa, y llevarlo a cabo de salir triunfante. De otra manera, las meras promesas no harían sino acercar el plazo del eventual estallamiento de esa bomba de tiempo que hoy representa la capital del país.