
En contraste con ese relativo optimismo, diversos medios dan cuenta del clima de incertidumbre con el que terminó 1996:
La economía nacional mostró en 1996 un crecimiento global importante, aun cuando el valor del PIB se mantuvo por debajo del alcanzado en los primeros nueve meses de 1994. Ese comportamiento fue desigual, pues mientras unos sectores crecieron en un 25 % otros decrecieron en cerca del cinco por ciento. Los ingresos públicos totales disminuyeron en más del uno por ciento, y aunque los ingresos petroleros experimentaron un crecimiento real los no provenientes de tal fuente disminuyeron. En cuanto a los egresos se advirtió un aumento del dos por ciento en el gasto público total, dado que en los primeros nueve meses del año el costo del pago de la deuda pública interna y externa representó más del 17 % del gasto nacional, mientras el gasto corriente sumó casi el 55 %.
Esa situación pone de manifiesto las dificultades en el mercado interno que traban el proceso de recuperación del país; y evidencia el sostenimiento de una política económica basada en el manejo de variables propiamente monetarias y financieras de carácter macroeconómico, para enfrentar una crisis que encuentra sin embargo algunas de sus causas más profundas en la estructura misma de la producción y distribución de la riqueza nacional, y no en la esfera de la circulación y precios de las mercancías y los servicios.
La política económica del gobierno se concretó en aspectos como estos:
Para 1997 el panorama económico incluye rasgos como estos:
1. A pesar de los esfuerzos para recontratar plazos y pagar los préstamos duros, uno de los obstáculos que enfrentará la economía -y en particular las finanzas públicas y privadas- es el de la capacidad de pago de la deuda externa.
2. Un segundo problema financiero es el de las altas tasas de interés del mercado interno, lo que vuelve riesgoso iniciar o ampliar negocios industriales, comerciales y de servicios, con el consiguiente abatimiento del empleo remunerado.
3. En cuanto al tipo de cambio la capacidad de maniobra se encuentra reducida, pues la recuperación de la economía requiere importaciones para ampliar la planta productiva, pero la capacidad para mantener las exportaciones empieza a declinar, lo que ejerce una presión monetaria.
4. Uno de los temas planteados como necesidad al gobierno es el de la disciplina fiscal; en cuanto al mismo se insiste en que no se debiera caer en el error de maniobrar ingresos y egresos estatales para enfrentar procesos electorales como el que se desarrollará en 1997.
5. Ello, entre otros aspectos, porque el problema de la inflación causa la mayor incertidumbre entre empresarios e inversionistas nacionales y extranjeros, pues afecta a los negocios (entrada de capital extranjero directo, posibilidades de oleadas especulativas contra el peso) y las posibilidades de ampliar el mercado interno.
6. Además de lo anterior son importantes las probabilidades de un déficit en la balanza en cuenta corriente, porque de darse reduciría no solo la capacidad de pago sino el tener que recurrir a otra renegociación o nuevas contrataciones de deuda; lo que sería indicio para que la inversión extranjera directa no fluyera.
7. Finalmente, el grado de concentración de la economía en un mínimo de grupos empresariales determina el rumbo de las cotizaciones bursátiles y la marcha general del mercado interno. Al respecto, los datos indican que del total de 124 emisoras de la Bolsa Mexicana de Valores, veinte han controlado los últimos dos años un alto porcentaje de los activos (el 66.5 % en 1994 y el 66.8 % en 1995), de las ventas internas (el 60.7 % en 1994 y el 63.5 % en 1995) y de las utilidades (el 73 % en 1994 y el 78.8 % en 1995).
Este es el contexto económico de un escenario en donde las presiones para que realmente se amplie la vida democrática del país son cada vez mayores, con una sociedad más participativa y una oposición partidista mejor estructurada; todo lo cual hace de las próximas elecciones un punto de referencia obligado para el análisis de las perspectivas nacionales.