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| EL PROYECTO OBJETIVOS 1.- Rescatar y asegurar la permanencia de un área natural de importancia ecológica, paisajística e histórica, sustrayéndola de la expansión urbana de San Miguel de Allende, para destinarla tanto a la conservación de sus recursos naturales, como al uso y disfrute público del área. 2.- Establecer y desarrollar un jardín botánico consagrado principalmente al estudio, valoración, protección y propagación de la flora nativa, así como de las zonas desérticas y semidesérticas de México. 3.- Impulsar la interacción del jardín botánico con la comunidad local, asimilando el conocimiento popular ancestral sobre la naturaleza, para ofrecer orientación a la sociedad sobre la relación con el medio ambiente y la conservación de la biodiversidad (educación ambiental). 4.- Hacer del jardín botánico un centro de confluencia comunitaria, amplia e incluyente, abierto a todos los sectores sociales de San Miguel de Allende, así como a los visitantes foráneos. 5.- Lograr
la autosuficiencia económica, principalmente a partir de los ingresos
propios del jardín botánico, complementados con donativos
y apoyos externos específicos. LA GESTACIÓN DE UN JARDÍN Los trabajos para el establecimiento de un jardín botánico y área natural de conservación en San Miguel de Allende comenzaron en 1989, por iniciativa de Cante AC, organización mexicana impulsora de diversos proyectos ecológicos y culturales. La cañada monumental de El Charco del Ingenio, a la vez cercana y aislada de la ciudad, se presentaba como el sitio ideal para el proyecto imaginado: un área de gran valor ecológico, paisajístico e histórico, en peligro de ser alcanzada por la incontenible expansión urbana de la ciudad. Gracias a oportunos apoyos económicos, Cante logró adquirir algunas fracciones del terreno, sumando alrededor de 30 hectáreas sobre laderas y acantilados de la cañada. A pesar de su carácter rústico, la mayor parte del terreno recién adquirido se hallaba gravemente afectado por la actividad humana ancestral: tala, extracción de suelos, cacería, sobrepastoreo, incendios, desmonte, acumulación de basura Todo ello se tradujo en la perturbación de la biodiversidad, sobre todo en las partes altas de la cañada, expuestas a la erosión y a los efectos de un clima cada vez más árido y extremoso. La propuesta original tomó forma mediante un plan maestro de arquitectura de paisaje, el cual visualizaba un amplio jardín botánico inmerso en un área natural de conservación. Un espacio consagrado al estudio, la valoración y disfrute de la naturaleza, abierto a la población local, asimismo se planteó como una opción sustentable, en función de su indudable potencialidad turística. De inmediato se iniciaron las labores de limpieza y cercado del terreno. Con el propósito de inducir poco a poco la flora y la fauna silvestres, se emprendieron diversas acciones de restauración ambiental. Entre ellas la construcción de bordos, zanjas y presas filtrantes para retener agua, humedad y suelo, así como la poda y el saneamiento de la vegetación existente, y la plantación restringida de especies nativas. La iniciativa de crear el jardín botánico en San Miguel de Allende fue respaldada desde su inicio por la autoridad federal en materia ecológica (SEDUE entonces), la cual otorgó el registro correspondiente, así como los permisos para colecta de plantas nativas de las zonas áridas y semiáridas de México, en un programa conjunto con el Instituto de Biología y el Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México. Con estos primeros ejemplares y de manera rudimentaria, el jardín del Charco del Ingenio comenzó a integrar su colección botánica. Una vez concluida la infraestructura y el equipamiento mínimos, tales como senderos, plazas, miradores y áreas de servicio y exhibición, el naciente Jardín Botánico de San Miguel de Allende estuvo en condiciones de abrir sus puertas al público. El acto fundacional tuvo lugar durante el eclipse total de sol acaecido el 11 de julio de 1991. Fue una emotiva ceremonia en la cual representantes de las comunidades locales de raíz indígena atestiguaron la fundación del jardín, y levantaron ahí una cruz de ánimas, sacralizando el área en pos del cuidado de los recursos naturales, de la cultura popular y de la unión y conformidad de las comunidades de San Miguel de Allende. Desde entonces y cada año se celebra en los terrenos del jardín botánico la festividad de la Santa Cruz del Charco del Ingenio, con una gran concurrencia procedente de las zonas rurales y urbanas del municipio. En torno al predio original, y gracias a nuevos apoyos económicos, fue posible adquirir algunas fracciones adicionales y extender el sitio, hasta sumar 67 hectáreas, propiedad del jardín botánico. Una nueva e importante ampliación territorial del proyecto tuvo lugar en 1994, cuando Cante recibió en comodato por parte del gobierno municipal una fracción adicional de 35 hectáreas, contigua al Charco del Ingenio, con el compromiso de establecer un parque natural y recreativo de carácter popular. De esta manera se sumó un total de 100 hectáreas dentro de la zona de desarrollo urbano de San Miguel de Allende, libradas de la expansión inmobiliaria y consagradas a un proyecto novedoso y sustentable de conservación ambiental. EL DESARROLLO DEL JARDÍN El vasto terreno adquirido y la amplitud de la propuesta de conservación fueron conformando un proyecto multifacético, el cual se dimensiona más allá de sus linderos. La integración de una extensa colección botánica de cactáceas y otras plantas suculentas procedentes de diversas regiones de México, ha implicado relaciones con comunidades campesinas, instituciones científicas y autoridades varias para la protección de especies raras, amenazadas o en peligro de extinción. Se trata de una colección que representa ante todo la biodiversidad en riesgo de nuestro país, y en esa dimensión es exhibida en distintas áreas del jardín, particularmente en el Conservatorio de Plantas Mexicanas (junto con especies acuáticas y peces nativos de la región). Asimismo la colección conforma la base genética para la propagación en el vivero del Charco del Ingenio. La extensión del terreno, así como su abrupta topografía y la existencia de humedales, ofrecen un ecosistema variado, con una sorprendente diversidad de vida silvestre. A lo largo de los años y de manera natural, con algunas tareas de inducción, la flora espontánea se restablece gradualmente, desplazando a los pastos forrajeros y otras especies invasoras. El ecosistema vive un saludable proceso de restauración, y especies que se creían desaparecidas resurgen año con año. Lo mismo sucede con la fauna nativa en general, que encuentra en el área el hábitat adecuado para su desarrollo y reproducción. Algunas zonas perturbadas del jardín botánico y del parque contiguo han sido destinadas a la reforestación, preferentemente con especies nativas de la biorregión, sobre todo árboles y arbustos propagados en el vivero del jardín, resistentes a la sequía, al suelo pobre y al clima extremoso del lugar. Son ahora parcelas experimentales y demostrativas, arboretos dedicados a estudiar las características y posibilidades de tales especies. Todo este esfuerzo de conservación y promoción de nuestros recursos naturales ha recibido el reconocimiento de miles de visitantes de muy distintas procedencias que acuden día a día al Charco del Ingenio, así como de variadas publicaciones, instituciones y grupos conservacionistas dentro y fuera del país. Por esta labor constructiva, en 1995 Cante obtuvo el Premio Nacional al Mérito Ecológico por parte del Gobierno de México. La dinámica y la dimensión adquiridas por este proyecto de conservación impusieron la necesidad de crear una nueva organización, independiente de Cante AC y dedicada específicamente al desarrollo del jardín botánico. Fue así que en 1998 surgió El Charco del Ingenio A.C., integrada por nuevos asociados de San Miguel, la cual recibió en donación la totalidad de los predios e instalaciones que integran el jardín botánico. El naciente organismo recibió asimismo la valiosa colección de plantas mexicanas, cuyo resguardo y manejo fueron autorizados por la SEMARNAT al año siguiente, mediante el registro del jardín como Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA). El Charco del Ingenio AC, en su calidad de organización propietaria y gestora del jardín botánico, ha canalizado sus esfuerzos a partir de un enfoque territorial y autónomo, y mediante una estrategia diversificada de ingresos económicos, dirigida al autofinanciamiento sostenido de este proyecto de conservación ambiental. Ha integrado asimismo un personal capacitado en las distintas tareas del jardín (atención al público, mantenimiento, propagación, manejo de flora y fauna, etc.), con el respaldo oportuno de estudiantes de servicio social y voluntarios de variadas procedencias. Un aspecto que ha merecido especial interés por parte de la nueva asociación es la dimensión histórica del Charco del Ingenio, enclave fundamental de San Miguel de Allende. Los vestigios del pasado comprenden un amplio compás de tiempo, desde los restos de cerámica y lítica prehispánicas encontrados en torno a los acantilados del cañón, hasta el conjunto de estructuras de épocas más recientes, cuyos vestigios asoman aún entre la vegetación. Atarjeas, acueductos, represas y batanes que dan cuenta de un hábil manejo del agua; el casco en ruinas de una hacienda y una presa en funciones, ambas del siglo XIX, y aún los restos de un acueducto de hierro tendido a mediados del siglo XX. Simultáneamente a su tarea primordial centrada en el manejo de los recursos naturales, el jardín desempeña también una función social, como espacio de confluencia comunitaria para San Miguel de Allende. Además de las diversas actividades que se desarrollan a lo largo del año, el jardín impulsa un programa permanente y diverso de educación ambiental. Éste combina valores y prácticas de la cultura popular con nuevas tecnologías alternativas, y tiene como principales receptores a niños y jóvenes escolares del municipio y de la región, quienes encuentran en el jardín botánico motivos y técnicas para la conservación de la naturaleza. La presencia cotidiana de visitantes foráneos, mexicanos y extranjeros, se complementa con un creciente número de usuarios locales, quienes acuden regularmente al Charco del Ingenio con distintos propósitos, sobre todo de esparcimiento y recreación. Ahí van a caminar, correr, excursionar, a observar aves, a practicar el ciclismo de montaña, la cabalgata y aun la escalada en roca, todo ello aprovechando la red de veredas y caminos que surcan el jardín y sus áreas contiguas. Entre éstas destaca el Parque Natural Las Colonias, amplio espacio recreativo de carácter popular, con instalaciones para paseos, convivencias, días de campo y campamentos. El Jardín Botánico del Charco del Ingenio se construye día a día como un espacio abierto y singular, con diversas vertientes de interés para todo tipo de público: un monumento natural, un hábitat de la vida silvestre, una colección botánica, un sitio histórico, un espacio recreativo y de confluencia comunitaria. Como en su origen, continúa siendo una iniciativa civil autónoma, dependiente en gran medida de las aportaciones de sus visitantes y amigos, impulsores silenciosos de su florecimiento. |
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